El deseo cuando llegan los hijos

(llegeix el text en català més avall )
EL DESEO CUANDO LLEGAN LOS HIJOS
El suelo lleno de piezas de Lego.
Un plato a medio lavar.
El llanto nocturno que corta el aire como una alarma.
Cuando todo está lleno de cosas pendientes, no queda sitio para el deseo.
No es un diagnóstico clínico: es un fenómeno poco llamado de muchas casas con niños pequeños.
“Sólo quiero dormir.”
“Me siento invisible.”
“Necesito tocarte, pero no sé cómo entrar.”
“Mi cuerpo está cansado de ser sólo piel para el bebé.”
Estas frases raramente se dicen en voz alta a la vez. Pero están ahí, resonando dentro de cada uno. Es la música secreta de muchas parejas con niños pequeños: una mezcla de deseo ahogado y de renuncia, de necesidad y de silencio.
Ser padres vs ser amantes
En los primeros meses, madre y bebé viven unidos por un cordón que ya no es físico, pero sí invisible y poderoso. Es vital. Es instintivo. Y es tan absorbente que a menudo deja a la pareja en un segundo plano, mirando desde la periferia.
El cerebro materno se convierte en un radar encendido día y noche. Cada suspiro del bebé es captado y procesado. Con ese nivel de alerta constante, el cuerpo tiene dificultad para relajarse y abrirse al juego erótico con la pareja.
Es como un instrumento agotado después de un concierto demasiado largo: necesita silencio antes de poder sonar de nuevo.
Esto no significa que el deseo desaparezca: simplemente entra en hibernación. Como unas brasas escondidas bajo la ceniza, esperan aire fresco para reavivar.
Aquí es donde muchas parejas se pierden. Porque conviven dos relaciones a la vez:
– la relación de supervivencia parental, hecha de biberones, listas, calendarios y turnos de sueño.
– la relación de pareja, que sólo puede mantenerse viva si se habla el lenguaje del cuerpo, del deseo, del juego.
Si la primera engulle a la segunda, el vínculo se vuelve logística. Y la pasión, un recuerdo.
El abanico del placer como respiro
Es aquí donde es necesario realizar un cambio de mirada. La sexualidad no es sólo un capítulo que se reanuda cuando hay calma y camas vacías. La sexualidad puede ser el mismo aire que ayuda al sistema nervioso a recuperar equilibrio en medio del caos.
Ahora bien, recuerda que tanto la delicadeza como la pasión forman parte del amplio abanico de la sexualidad: tanto la mano que sostiene con calma como la palabra excitante susurrada mientras un niño grita desde la habitación de al lado.
La clave no es la intensidad, sino la constancia: mantener el hilo erótico presente a lo largo del día, como una trama invisible que sostiene el vínculo de la pareja.
Sexualizar la cotidianidad
Sexualizar no significa planificar una noche perfecta con velas y sábanas nuevas. Sexualizar es atreverse a dar espacio a las caricias, a los besos, a la piel que todavía vibra, en medio del caos.
Quizás en el comedor todavía hay piezas de Lego esparcidas. Quizás la lavadora pita de fondo. Y, sin embargo, puedes acercarte por detrás y besar la nuca de tu pareja. Puedes dejar que la mano se alargue un poco más al pasar un vaso. Puedes reír juntos mientras cierre la puerta del lavabo y comparte una ducha corta, casi clandestina.
Estos momentos no son secundarios: son el recuerdo vivo que, más allá de ser padres, siga siendo amantes. Y que el placer no desaparece entre pañales y sueño, sino que se transforma en pequeñas chispas que mantienen la brasa caliente.
Propuesta práctica
Estarás de acuerdo en que el deseo, cuando llegan los hijos, no puede esperar sólo en la noche del viernes o en unas vacaciones eventuales. Necesita infiltrarse en el día a día, como una corriente subterránea que alimenta el vínculo.
Un ejemplo sencillo: cuando os encuentrais en el pasillo, en vez de pasar de largo, frenaros dos segundos y daros un beso largo, con lengua, como si el mundo pudiera esperar.
Cuando el otro está lavando los platos, abrázalo por detrás, pégate, muérdele el cuello. No hace falta que acabe en sexo, pero sí en cuerpo que recuerda cuerpo.
Utiliza las palabras: “me enciendo”, “te estoy deseando ahora mismo”, “cuando los niños duerman te quiero sólo por mí”. La palabra tiene el poder de mantener el fuego encendido incluso cuando no puedes actuar enseguida.
Toca sin pudor: una mano que recorre la espalda, que presiona un muslo, que se atreve a entrar en territorio íntimo aunque al cabo de dos minutos haya que ir a poner un pijama. No es intrusión, es recordatorio: somos amantes más allá de la logística.
Y, sobre todo, da permiso al placer para convivir con el caos. Sí, la casa está llena de juguetes, hay ropa para recoger y el móvil suena. En medio de todo esto, puede haber una morreada que haga estremecer, un cuerpo contra cuerpo que corta la inercia de ordenar los muñecos de peluche, una carcajada que se enciende y se transforma en complicidad erótica.
El mensaje está claro: no dejeis que la parentalidad devore el vínculo. Convierte el deseo en un hábito cotidiano, no en un lujo eventual.
No más presión, sino más respiro
Éste no es un consejo para añadir obligaciones a una agenda ya saturada. Por el contrario: es una invitación a ver el placer y la conexión erótica como un recurso de supervivencia emocional, somática y psicológica.
Cuando la sexualidad está ahí, aunque sea en formas breves y dispersas, el sistema nervioso se regula mejor, el cuerpo descarga tensión y la pareja recuerda que es más que logística compartida.
El deseo no desaparece con sus hijos. Se transforma. Se hace más exigente, sí, pero también más profundo. Y puede convivir con los juguetes esparcidos y los platos pendientes, si le damos aire, mirada y valentía.
Tampoco es un consejo que reduzca ni un ápice la importancia del consenso en cualquier práctica sexual. Si en algún momento, la otra persona no está disponible, guardamos nuestra propuesta por otro momento.
Cristina Salvia para Matriusques.
✨ Si este artículo te ha resonado y quieres seguir profundizando en la mirada, la presencia y la conexión con tu pareja, te invito a “7 días para vernos de verdad”. Es un reto gratuito online. Cuando te inscribas, recibirás 7 audios que contienen cada uno una pregunta poderosa para abrir espacios de intimidad y descubrimiento mutuo que transforman la manera de estar en la relación.
Empieza tu camino hacia una relación más viva y consciente → https://matriusques.com/7-dias-para-vernos-de-verdad
EL DESIG QUAN ARRIBEN ELS FILLS
El terra ple de peces de Lego.
Un plat a mig rentar.
El plor nocturn que talla l’aire com una alarma.
Quan tot és ple de coses pendents, no queda lloc per al desig.
No és un diagnòstic clínic: és un fenomen poc anomenat de moltes cases amb infants petits.
“Només vull dormir.”
“Em sento invisible.”
“Necessito tocar-te, però no sé com entrar-hi.”
“El meu cos està cansat de ser només pell per al nadó.”
Aquestes frases rarament es diuen en veu alta alhora. Però hi són, ressonant dins de cadascú. És la música secreta de moltes parelles amb criatures petites: una barreja de desig ofegat i de renúncia, de necessitat i de silenci.
Ser pares vs ser amants
Els primers mesos, mare i nadó viuen units per un cordó que ja no és físic, però sí invisible i poderós. És vital. És instintiu. I és tan absorbent que sovint deixa la parella en un segon pla, mirant des de la perifèria.
El cervell matern es converteix en un radar encès dia i nit. Cada sospir del nadó és captat i processat. Amb aquest nivell d’alerta constant, el cos té dificultat per relaxar-se i obrir-se al joc eròtic amb la parella.
És com un instrument esgotat després d’un concert massa llarg: necessita silenci abans de poder sonar de nou.
Això no significa que el desig desaparegui: simplement entra en hibernació. Com unes brases amagades sota la cendra, esperen aire fresc per revifar.
Aquí és on moltes parelles es perden. Perquè conviuen dues relacions alhora:
– la relació de supervivència parental, feta de biberons, llistes, calendaris i torns de son.
– la relació de parella, que només pot mantenir-se viva si es parla el llenguatge del cos, del desig, del joc.
Si la primera engoleix la segona, el vincle es torna logística. I la passió, un record.
El ventall del plaer com a respir
És aquí on cal fer un canvi de mirada. La sexualitat no és només un capítol que es reprèn quan hi ha calma i llits buits. La sexualitat pot ser el mateix aire que ajuda el sistema nerviós a recuperar equilibri enmig del caos.
Ara bé, recorda que tant la delicadesa com la passió formen part de l’ampli ventall de la sexualitat: tant la mà que sosté amb calma com la paraula excitant xiuxiuejada mentre un infant crida des de l’habitació del costat.
La clau no és la intensitat, sinó la constància: mantenir el fil eròtic present al llarg del dia, com una trama invisible que sosté el vincle de la parella.
Sexualitzar la quotidianitat
Sexualitzar no vol dir planificar una nit perfecta amb espelmes i llençols nous. Sexualitzar és atrevir-se a donar espai a les carícies, als petons, a la pell que encara vibra, enmig del caos.
Potser al menjador encara hi ha peces de Lego escampades. Potser la rentadora pita de fons. I, tot i així, pots acostar-te per darrere i besar el clatell de la teva parella. Pots deixar que la mà s’allargui una mica més quan passes un got. Pots riure junts mentre tanqueu la porta del lavabo i compartiu una dutxa curta, gairebé clandestina.
Aquests moments no són secundaris: són el record viu que, més enllà de ser pares, continueu sent amants. I que el plaer no desapareix entre bolquers i son, sinó que es transforma en petites espurnes que mantenen la brasa calenta.
Proposta pràctica
Estaràs d’acord que el desig, quan arriben els fills, no pot esperar només a la nit de divendres o a unes vacances eventuals. Necessita infiltrar-se en el dia a dia, com un corrent subterrani que alimenta el vincle.
Un exemple senzill: quan us trobeu al passadís, en comptes de passar de llarg, freneu dos segons i doneu-vos un petó llarg, amb llengua, com si el món pogués esperar.
Quan l’altre està rentant els plats, abraça’l per darrere, enganxa’t, mossega-li el coll. No cal que acabi en sexe, però sí en cos que recorda cos.
Feu servir les paraules: “m’encens”, “t’estic desitjant ara mateix”, “quan els nens dormin et vull només per mi”. La paraula té el poder de mantenir el foc encès fins i tot quan no es pot actuar de seguida.
Toca sense pudor: una mà que recorre l’esquena, que pressiona una cuixa, que s’atreveix a entrar en territori íntim encara que al cap de dos minuts calgui anar a posar un pijama. No és intrusió, és recordatori: som amants més enllà de la logística.
I, sobretot, doneu permís al plaer per conviure amb el caos. Sí, la casa està plena de joguines, hi ha roba per plegar i el mòbil sona. Enmig de tot això, hi pot haver una morrejada que faci estremir, un cos contra cos que talla la inèrcia d’endreçar els ninots de peluix, una rialla que s’encén i es transforma en complicitat eròtica.
El missatge és clar: no deixeu que la parentalitat devori el vincle. Convertiu el desig en un hàbit quotidià, no en un luxe eventual.
No més pressió, sinó més respir
Aquest no és un consell per afegir obligacions a una agenda ja saturada. Al contrari: és una invitació a veure el plaer i la connexió eròtica com un recurs de supervivència emocional, somàtica i psicològica.
Quan la sexualitat hi és, encara que sigui en formes breus i disperses, el sistema nerviós es regula millor, el cos descarrega tensió i la parella recorda que és més que logística compartida.
El desig no desapareix amb els fills. Es transforma. Es fa més exigent, sí, però també més profund. I pot conviure amb les joguines escampades i els plats pendents, si li donem aire, mirada i valentia.
Tampoc és un consell que redueixi ni una mica la importància del consens en qualsevol pràctica sexual. Si en algun moment, l’altra persona no està disponible, guardem la nostra proposta per un altre moment.
Cristina Salvia per a Matriusques.
✨ Si aquest article t’ha fet ressonar i vols posar en pràctica aquesta manera d’obrir espais d’autenticitat, et convido al repte gratuït 7 días para ver-nos de verdad.
Una proposta senzilla: 7 àudios, 7 dies, 7 preguntes per començar converses que poden transformar la teva relació.
👉 El pots començar aquí: matriusques.com/7-dias-para-vernos-de-verdad







