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El deseo cuando llegan los hijos

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EL DESEO CUANDO LLEGAN LOS HIJOS

El suelo lleno de piezas de Lego.

Un plato a medio lavar.

El llanto nocturno que corta el aire como una alarma.

Cuando todo está lleno de cosas pendientes, no queda sitio para el deseo.

No es un diagnóstico clínico: es un fenómeno poco llamado de muchas casas con niños pequeños.

«Sólo quiero dormir.»
«Me siento invisible.»
«Necesito tocarte, pero no sé cómo entrar.»
«Mi cuerpo está cansado de ser sólo piel para el bebé.»

Estas frases raramente se dicen en voz alta a la vez. Pero están ahí, resonando dentro de cada uno. Es la música secreta de muchas parejas con niños pequeños: una mezcla de deseo ahogado y de renuncia, de necesidad y de silencio.

Ser padres vs ser amantes

En los primeros meses, madre y bebé viven unidos por un cordón que ya no es físico, pero sí invisible y poderoso. Es vital. Es instintivo. Y es tan absorbente que a menudo deja a la pareja en un segundo plano, mirando desde la periferia.

El cerebro materno se convierte en un radar encendido día y noche. Cada suspiro del bebé es captado y procesado. Con ese nivel de alerta constante, el cuerpo tiene dificultad para relajarse y abrirse al juego erótico con la pareja.

Es como un instrumento agotado después de un concierto demasiado largo: necesita silencio antes de poder sonar de nuevo.

Esto no significa que el deseo desaparezca: simplemente entra en hibernación. Como unas brasas escondidas bajo la ceniza, esperan aire fresco para reavivar.

Aquí es donde muchas parejas se pierden. Porque conviven dos relaciones a la vez:
– la relación de supervivencia parental, hecha de biberones, listas, calendarios y turnos de sueño.
– la relación de pareja, que sólo puede mantenerse viva si se habla el lenguaje del cuerpo, del deseo, del juego.

Si la primera engulle a la segunda, el vínculo se vuelve logística. Y la pasión, un recuerdo.

El abanico del placer como respiro

Es aquí donde es necesario realizar un cambio de mirada. La sexualidad no es sólo un capítulo que se reanuda cuando hay calma y camas vacías. La sexualidad puede ser el mismo aire que ayuda al sistema nervioso a recuperar equilibrio en medio del caos.

Ahora bien, recuerda que tanto la delicadeza como la pasión forman parte del amplio abanico de la sexualidad: tanto la mano que sostiene con calma como la palabra excitante susurrada mientras un niño grita desde la habitación de al lado.

La clave no es la intensidad, sino la constancia: mantener el hilo erótico presente a lo largo del día, como una trama invisible que sostiene el vínculo de la pareja.

Sexualizar la cotidianidad

Sexualizar no significa planificar una noche perfecta con velas y sábanas nuevas. Sexualizar es atreverse a dar espacio a las caricias, a los besos, a la piel que todavía vibra, en medio del caos.

Quizás en el comedor todavía hay piezas de Lego esparcidas. Quizás la lavadora pita de fondo. Y, sin embargo, puedes acercarte por detrás y besar la nuca de tu pareja. Puedes dejar que la mano se alargue un poco más al pasar un vaso. Puedes reír juntos mientras cierre la puerta del lavabo y comparte una ducha corta, casi clandestina.

Estos momentos no son secundarios: son el recuerdo vivo que, más allá de ser padres, siga siendo amantes. Y que el placer no desaparece entre pañales y sueño, sino que se transforma en pequeñas chispas que mantienen la brasa caliente.

Propuesta práctica

Estarás de acuerdo en que el deseo, cuando llegan los hijos, no puede esperar sólo en la noche del viernes o en unas vacaciones eventuales. Necesita infiltrarse en el día a día, como una corriente subterránea que alimenta el vínculo.

Un ejemplo sencillo: cuando os encuentrais en el pasillo, en vez de pasar de largo, frenaros dos segundos y daros un beso largo, con lengua, como si el mundo pudiera esperar.

Cuando el otro está lavando los platos, abrázalo por detrás, pégate, muérdele el cuello. No hace falta que acabe en sexo, pero sí en cuerpo que recuerda cuerpo.

Utiliza las palabras: “me enciendo”, “te estoy deseando ahora mismo”, “cuando los niños duerman te quiero sólo por mí”. La palabra tiene el poder de mantener el fuego encendido incluso cuando no puedes actuar enseguida.

Toca sin pudor: una mano que recorre la espalda, que presiona un muslo, que se atreve a entrar en territorio íntimo aunque al cabo de dos minutos haya que ir a poner un pijama. No es intrusión, es recordatorio: somos amantes más allá de la logística.

Y, sobre todo, da permiso al placer para convivir con el caos. Sí, la casa está llena de juguetes, hay ropa para recoger y el móvil suena. En medio de todo esto, puede haber una morreada que haga estremecer, un cuerpo contra cuerpo que corta la inercia de ordenar los muñecos de peluche, una carcajada que se enciende y se transforma en complicidad erótica.

El mensaje está claro: no dejeis que la parentalidad devore el vínculo. Convierte el deseo en un hábito cotidiano, no en un lujo eventual.

No más presión, sino más respiro

Éste no es un consejo para añadir obligaciones a una agenda ya saturada. Por el contrario: es una invitación a ver el placer y la conexión erótica como un recurso de supervivencia emocional, somática y psicológica.

Cuando la sexualidad está ahí, aunque sea en formas breves y dispersas, el sistema nervioso se regula mejor, el cuerpo descarga tensión y la pareja recuerda que es más que logística compartida.

El deseo no desaparece con sus hijos. Se transforma. Se hace más exigente, sí, pero también más profundo. Y puede convivir con los juguetes esparcidos y los platos pendientes, si le damos aire, mirada y valentía.

Tampoco es un consejo que reduzca ni un ápice la importancia del consenso en cualquier práctica sexual. Si en algún momento, la otra persona no está disponible, guardamos nuestra propuesta por otro momento.

Cristina Salvia para Matriusques.

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EL DESIG QUAN ARRIBEN ELS FILLS

El terra ple de peces de Lego.
Un plat a mig rentar.
El plor nocturn que talla l’aire com una alarma.

Quan tot és ple de coses pendents, no queda lloc per al desig.

No és un diagnòstic clínic: és un fenomen poc anomenat de moltes cases amb infants petits.

“Només vull dormir.”
“Em sento invisible.”
“Necessito tocar-te, però no sé com entrar-hi.”
“El meu cos està cansat de ser només pell per al nadó.”

Aquestes frases rarament es diuen en veu alta alhora. Però hi són, ressonant dins de cadascú. És la música secreta de moltes parelles amb criatures petites: una barreja de desig ofegat i de renúncia, de necessitat i de silenci.

Ser pares vs ser amants

Els primers mesos, mare i nadó viuen units per un cordó que ja no és físic, però sí invisible i poderós. És vital. És instintiu. I és tan absorbent que sovint deixa la parella en un segon pla, mirant des de la perifèria.

El cervell matern es converteix en un radar encès dia i nit. Cada sospir del nadó és captat i processat. Amb aquest nivell d’alerta constant, el cos té dificultat per relaxar-se i obrir-se al joc eròtic amb la parella.

És com un instrument esgotat després d’un concert massa llarg: necessita silenci abans de poder sonar de nou.

Això no significa que el desig desaparegui: simplement entra en hibernació. Com unes brases amagades sota la cendra, esperen aire fresc per revifar.

Aquí és on moltes parelles es perden. Perquè conviuen dues relacions alhora:
– la relació de supervivència parental, feta de biberons, llistes, calendaris i torns de son.
– la relació de parella, que només pot mantenir-se viva si es parla el llenguatge del cos, del desig, del joc.

Si la primera engoleix la segona, el vincle es torna logística. I la passió, un record.

El ventall del plaer com a respir

És aquí on cal fer un canvi de mirada. La sexualitat no és només un capítol que es reprèn quan hi ha calma i llits buits. La sexualitat pot ser el mateix aire que ajuda el sistema nerviós a recuperar equilibri enmig del caos.

Ara bé, recorda que tant la delicadesa com la passió formen part de l’ampli ventall de la sexualitat: tant la mà que sosté amb calma com la paraula excitant xiuxiuejada mentre un infant crida des de l’habitació del costat.

La clau no és la intensitat, sinó la constància: mantenir el fil eròtic present al llarg del dia, com una trama invisible que sosté el vincle de la parella.

Sexualitzar la quotidianitat

Sexualitzar no vol dir planificar una nit perfecta amb espelmes i llençols nous. Sexualitzar és atrevir-se a donar espai a les carícies, als petons, a la pell que encara vibra, enmig del caos.

Potser al menjador encara hi ha peces de Lego escampades. Potser la rentadora pita de fons. I, tot i així, pots acostar-te per darrere i besar el clatell de la teva parella. Pots deixar que la mà s’allargui una mica més quan passes un got. Pots riure junts mentre tanqueu la porta del lavabo i compartiu una dutxa curta, gairebé clandestina.

Aquests moments no són secundaris: són el record viu que, més enllà de ser pares, continueu sent amants. I que el plaer no desapareix entre bolquers i son, sinó que es transforma en petites espurnes que mantenen la brasa calenta.

Proposta pràctica

Estaràs d’acord que el desig, quan arriben els fills, no pot esperar només a la nit de divendres o a unes vacances eventuals. Necessita infiltrar-se en el dia a dia, com un corrent subterrani que alimenta el vincle.

Un exemple senzill: quan us trobeu al passadís, en comptes de passar de llarg, freneu dos segons i doneu-vos un petó llarg, amb llengua, com si el món pogués esperar.

Quan l’altre està rentant els plats, abraça’l per darrere, enganxa’t, mossega-li el coll. No cal que acabi en sexe, però sí en cos que recorda cos.

Feu servir les paraules: “m’encens”, “t’estic desitjant ara mateix”, “quan els nens dormin et vull només per mi”. La paraula té el poder de mantenir el foc encès fins i tot quan no es pot actuar de seguida.

Toca sense pudor: una mà que recorre l’esquena, que pressiona una cuixa, que s’atreveix a entrar en territori íntim encara que al cap de dos minuts calgui anar a posar un pijama. No és intrusió, és recordatori: som amants més enllà de la logística.

I, sobretot, doneu permís al plaer per conviure amb el caos. Sí, la casa està plena de joguines, hi ha roba per plegar i el mòbil sona. Enmig de tot això, hi pot haver una morrejada que faci estremir, un cos contra cos que talla la inèrcia d’endreçar els ninots de peluix, una rialla que s’encén i es transforma en complicitat eròtica.

El missatge és clar: no deixeu que la parentalitat devori el vincle. Convertiu el desig en un hàbit quotidià, no en un luxe eventual.

No més pressió, sinó més respir

Aquest no és un consell per afegir obligacions a una agenda ja saturada. Al contrari: és una invitació a veure el plaer i la connexió eròtica com un recurs de supervivència emocional, somàtica i psicològica.

Quan la sexualitat hi és, encara que sigui en formes breus i disperses, el sistema nerviós es regula millor, el cos descarrega tensió i la parella recorda que és més que logística compartida.

El desig no desapareix amb els fills. Es transforma. Es fa més exigent, sí, però també més profund. I pot conviure amb les joguines escampades i els plats pendents, si li donem aire, mirada i valentia.

Tampoc és un consell que redueixi ni una mica la importància del consens en qualsevol pràctica sexual. Si en algun moment, l’altra persona no està disponible, guardem la nostra proposta per un altre moment.

Cristina Salvia per a Matriusques.

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¿Qué emociones escondo cuando estoy con mi pareja?

comunicación emocional en pareja

ocultar emociones en pareja

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¿Qué emociones suelo esconder cuando estoy con mi pareja?

 

El terreno invisible

Cuando miras a tu pareja a los ojos, quizás dices “todo bien”, pero dentro de ti hay un mundo entero que no sale. Lo que no decimos pesa. Es como una corriente subterránea que mueve el agua aunque la superficie parezca quieta. Podemos esconder la tristeza detrás de una sonrisa, disfrazar la rabia con ironía o simular que el miedo no existe. A simple vista parece que el vínculo aguanta, pero por debajo hay capas de silencio que moldean la relación. No es una elección consciente. Es un mecanismo tan humano como respirar.

La lógica del esconder

Escondemos emociones porque, de forma profunda, queremos proteger el vínculo. Esta es la paradoja: lo que parece distanciarnos nace del deseo de conservar la conexión. Si tengo miedo de que mi rabia duela, la reprimo. Si pienso que mi tristeza será una carga, me callo. Si me avergüenza mostrar mi miedo, la tapo con un tono alegre. Y detrás de cada gesto hay una misma raíz: el miedo a ser rechazado o abandonado.

La neurociencia explica que este proceso comienza antes del pensamiento. El sistema nervioso escanea constantemente si el entorno es seguro o amenazante. Cuando interpreta que una emoción puede romper la conexión, activa respuestas automáticas: huir (callar, evitar el tema), luchar (defenderse con agresividad) o congelarse (quedarse en blanco). Esto significa que muchas veces no es que no queramos hablar, es que no podemos. El cuerpo prioriza la seguridad por encima de la verdad inmediata.

Este mecanismo no aparece de la nada. Viene de la historia personal. Las emociones que de pequeños no pudimos mostrar vuelven a aparecer en la vida adulta. Si de pequeño llorar era ignorado, ahora me cuesta enseñar la tristeza. Si la rabia era castigada, hoy la disfrazo de silencio. Si la vulnerabilidad fue motivo de burla, ahora lo escondo bajo una capa de fortaleza. El pasado queda escrito en el cuerpo y se reactiva ante la persona que más amamos, precisamente porque es la que más importancia tiene para nosotros.

Esconder, pues, es una estrategia adaptativa. En su momento, nos salvó de perder vínculos esenciales. El problema es cuando este patrón se convierte en la única opción disponible y se instala como un hábito. Entonces, la relación de pareja se va construyendo sobre ausencias emocionales, y la intimidad se vacía sin que nadie haya decidido que así fuera.

El cuerpo habla aunque callamos

Aunque no digamos nada, el cuerpo nos delata. La respiración que se vuelve corta, la mirada que se aparta, los hombros que se tensan, la voz que tiembla. El otro, aun sin palabras, percibe que algo sucede. Aquí aparece un efecto sutil, pero poderoso: el vacío comunicativo se convierte en ruido emocional. Cuando digo «estoy bien» pero mi cuerpo dice lo contrario, el mensaje que recibe el otro es confuso. Y esa confusión genera distancia.

Los estudios sobre comunicación relacional muestran que gran parte del contacto pasa por el lenguaje no verbal. Por eso, aunque nos esforzamos en tapar emociones, la pareja las nota. Quizás no sabe exactamente qué pasa, pero siente que hay un desajuste. Y frente a ese vacío, cada uno puede reaccionar de manera diferente: algunos insisten (“¿qué te pasa?”), otros se alejan, otros responden con su propia defensa. El resultado es un círculo vicioso en el que el silencio se retroalimenta.

El coste del silencio largo

A corto plazo, esconder parece útil. Evitas una discusión, esquivas un conflicto, ganas una aparente calma. Pero el coste a largo plazo es alto. Lo primero que se deteriora es la confianza. Cuando no muestro lo que siento, el otro deja de conocerme de verdad. El vínculo se construye sobre medias verdades. El segundo efecto es la pérdida de vitalidad relacional: el vínculo se vuelve funcional, un sitio para organizar la vida pero no para compartir alma. El tercero es la soledad dentro de la relación: puedes dormir junto al otro y sentirte igualmente solo.

El cuerpo también paga la factura. Las emociones reprimidas se convierten en tensión muscular, dolores recurrentes, fatiga crónica o malestares digestivos. El cuerpo guarda lo que la mente se calla. Cuando esto se prolonga, aparece la sensación de vivir «desconectado», como si fuera difícil sentir alegría o entusiasmo.

Pero no es un destino inevitable. La pareja, justamente porque es un vínculo cercano y repetido, puede convertirse en un espacio de reparación. Cuando me atrevo a mostrar una emoción escondida y el otro me recibe con presencia, mi cerebro registra una nueva experiencia. Donde antes estaba la creencia «si muestro, me rechazan», ahora puede nacer otra: «si muestro, me conecto». Esta transformación es lenta pero poderosa. Cada momento de autenticidad es un corte en el círculo del silencio y una puerta a mayor intimidad.

Abrir sin explotar

Cómo se hace, entonces, ¿para empezar a compartir lo que hasta ahora estaba escondido? No se trata de explotar y decirlo todo sin filtro. Se trata de abrir pequeñas rendijas. Notar cuándo el cuerpo se endurece. Poner nombre internamente a lo que siento. Atreverme a decir una frase corta y clara: «Me pasa esto y me hace sentir así.» Hacerlo desde la vulnerabilidad, no desde la acusación.

El cambio no es inmediato, y no debe ser perfecto. Basta con empezar. Cada emoción compartida es una ventana que deja entrar aire. A veces, será un aire fresco, a veces un viento incómodo. Pero siempre es vida. Y es aquí donde la relación se transforma: cuando dejamos de vivir protegidos detrás del silencio y nos atrevemos a ofrecernos tal y como somos.

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El terreny invisible 

Quan mires la teva parella als ulls, potser dius “tot bé”, però dins teu hi ha un món sencer que no surt. El que no diem pesa. És com un corrent subterrani que mou l’aigua encara que la superfície sembli quieta. Podem amagar la tristesa darrere d’un somriure, disfressar la ràbia amb ironia o fer veure que la por no existeix. A simple vista sembla que el vincle aguanta, però per sota hi ha capes de silenci que modelen la relació. No és una tria conscient. És un mecanisme tan humà com respirar.

La lògica de l’amagar 

Amaguem emocions perquè, de manera profunda, volem protegir el vincle. Aquesta és la paradoxa: el que sembla distanciar-nos neix del desig de conservar la connexió. Si tinc por que la meva ràbia faci mal, la reprimeixo. Si penso que la meva tristesa serà una càrrega, callo. Si m’avergonyeix mostrar la meva por, la tapo amb un to alegre. I rere cada gest hi ha una mateixa arrel: la por de ser rebutjat o abandonat.

La neurociència explica que aquest procés comença abans del pensament. El sistema nerviós escaneja constantment si l’entorn és segur o amenaçador. Quan interpreta que una emoció pot trencar la connexió, activa respostes automàtiques: fugir (callar, evitar el tema), lluitar (defensar-se amb agressivitat) o congelar-se (quedar-se en blanc). Això significa que moltes vegades no és que no vulguem parlar, és que no podem. El cos prioritza la seguretat per damunt de la veritat immediata.

Aquest mecanisme no apareix del no-res. Ve de la història personal. Les emocions que de petits no vam poder mostrar tornen a aparèixer en la vida adulta. Si de petit plorar era ignorat, ara em costa ensenyar la tristesa. Si la ràbia era castigada, avui la disfresso de silenci. Si la vulnerabilitat va ser motiu de burla, ara l’amago sota una capa de fortalesa. El passat queda escrit en el cos i es reactiva davant de la persona que més estimem, precisament perquè és la que més importància té per a nosaltres.

Amagar, doncs, és una estratègia adaptativa. En el seu moment, ens va salvar de perdre vincles essencials. El problema és quan aquest patró es converteix en l’única opció disponible i s’instal·la com un hàbit. Aleshores, la relació de parella es va construint sobre absències emocionals, i la intimitat es buida sense que ningú hagi decidit que fos així.

El cos parla encara que callem 

Encara que no diguem res, el cos ens delata. La respiració que es torna curta, la mirada que s’aparta, les espatlles que es tensen, la veu que tremola. L’altre, fins i tot sense paraules, percep que alguna cosa passa. Aquí apareix un efecte subtil però poderós: el buit comunicatiu es converteix en soroll emocional. Quan dic “estic bé” però el meu cos diu el contrari, el missatge que rep l’altre és confús. I aquesta confusió genera distància.

Els estudis sobre comunicació relacional mostren que gran part del contacte passa pel llenguatge no verbal. Per això, encara que ens esforcem a tapar emocions, la parella les nota. Potser no sap exactament què passa, però sent que hi ha un desajust. I davant d’aquest buit, cadascú pot reaccionar de manera diferent: alguns insisteixen (“què et passa?”), altres s’allunyen, altres responen amb la seva pròpia defensa. El resultat és un cercle viciós on el silenci es retroalimenta.

El cost del silenci llarg 

A curt termini, amagar sembla útil. Evites una discussió, esquives un conflicte, guanyes una calma aparent. Però el cost a llarg termini és alt. El primer que es deteriora és la confiança. Quan no mostro el que sento, l’altre deixa de conèixer-me de debò. El vincle es construeix sobre mitges veritats. El segon efecte és la pèrdua de vitalitat relacional: el vincle es torna funcional, un lloc per organitzar la vida però no per compartir ànima. El tercer és la solitud dins de la relació: pots dormir al costat de l’altre i sentir-te igualment sol.

El cos també paga la factura. Les emocions reprimides es converteixen en tensió muscular, dolors recurrents, fatiga crònica o malestars digestius. El cos guarda el que la ment calla. Quan això es prolonga, apareix la sensació de viure “desconnectat”, com si fos difícil sentir alegria o entusiasme.

Però no és un destí inevitable. La parella, justament perquè és un vincle proper i repetit, pot esdevenir un espai de reparació. Quan m’atreveixo a mostrar una emoció amagada i l’altre em rep amb presència, el meu cervell registra una experiència nova. On abans hi havia la creença “si mostro, em rebutgen”, ara pot néixer una altra: “si mostro, em connecto”. Aquesta transformació és lenta, però poderosa. Cada moment d’autenticitat és un tall en el cercle del silenci i una porta a més intimitat.

Obrir sense explotar 

Com es fa, aleshores, per començar a compartir el que fins ara estava amagat? No es tracta d’explotar i dir-ho tot sense filtre. Es tracta d’obrir petites escletxes. Notar quan el cos s’endureix. Posar nom internament al que sento. Atrevir-me a dir una frase curta i clara: “Em passa això i em fa sentir així.” Fer-ho des de la vulnerabilitat, no des de l’acusació.

El canvi no és immediat, i no ha de ser perfecte. N’hi ha prou amb començar. Cada emoció compartida és una finestra que deixa entrar aire. A vegades serà un aire fresc, a vegades un vent incòmode. Però sempre és vida. I és aquí on la relació es transforma: quan deixem de viure protegits darrere del silenci i ens atrevim a oferir-nos tal com som.

Mostrar el que abans quedava amagat és el coratge que obre la porta a la intimitat real.

 

 

📚 Bibliografia per aprofundir

  • The Developing Mind – Daniel J. Siegel
  • When the Body Says No – Gabor Maté
  • Internal Family Systems Therapy – Richard Schwartz

 

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La mirada como portal de intimidad

pareja mirando a los ojos intimidad

 

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LA MIRADA COMO PORTAL DE INTIMIDAD

Hay momentos en los que la vida se detiene en un segundo de silencio. Uno de ellos es cuando miras a tu pareja a los ojos. Sin pantallas, sin prisas, sin palabras que llenen el espacio. Solo mirada.

Puede parecer un gesto simple, casi banal. Pero, en realidad, mirar de verdad es un acto revolucionario. La mirada es una puerta. Y lo que hay detrás, si nos atrevemos a cruzarla, es un terreno donde nace la intimidad más genuina.

Lo que pasa cuando nos miramos de verdad

A nivel fisiológico, la mirada es uno de los canales más potentes de conexión. Cuando sostienes los ojos de alguien amado:

  • Tu sistema nervioso entra en modo de calma y regulación.

  • El cerebro activa circuitos de empatía y vinculación.

  • Se libera oxitocina, la hormona del apego.

No es casualidad que los bebés encuentren seguridad en la mirada sostenida de los padres. Ni que, cuando nos sentimos desconectados, lo primero que perdemos sea la mirada franca y tranquila.

Pero hay otro nivel, más invisible. Mirar a los ojos es un espejo. Nos devuelve la propia vulnerabilidad, los propios deseos, las propias heridas. Por eso a menudo esquivamos la mirada: porque nos incomoda ver tanto.

¿Por qué nos cuesta mirar?

A menudo, sin darnos cuenta, miramos “por encima”.

Nos miramos deprisa, mientras pasamos la taza de café.

Nos miramos con filtros: de juicio, de expectativas, de cansancio.

O sencillamente evitamos mirar, porque nos haría sentir demasiado expuestos.

Mirar de verdad requiere coraje. Es desnudarse emocionalmente sin palabras. Es atreverse a sostener la presencia del otro… y también la propia.

Una experiencia transformadora

Cuando acompaño a parejas, hay un ejercicio que siempre sorprende: mantenerse unos minutos en silencio, mirándose a los ojos.
Al principio hay incomodidad, risas nerviosas, ganas de huir. Pero después ocurre algo:

  • El tiempo se ralentiza.
  • El alma se reconoce.
  • Sale a la superficie una emoción que llevaba tiempo esperando ser vista.

Es en ese instante cuando se abre la posibilidad de una conexión nueva. Más allá de entenderlo con la cabeza, se siente con el cuerpo. Y aparece la apertura del espacio interno.

Invitación

Te propongo algo muy sencillo y a la vez poderoso: hoy, busca un momento para encontrarte con tu pareja y miraros a los ojos con curiosidad y mucha apertura.

Observa qué pasa en ti. Tal vez aparezca ternura, tal vez resistencia. Sea lo que sea, acógelo abriendo el corazón. Tenga la forma que tenga lo que aparezca, ámalo dentro de ti.

💌 El amor se encuentra en el fondo de los ojos del otro, porque es el lugar donde el otro habita.

Cristina Salvia para Matriusques.

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LA MIRADA COM A PORTAL D’INTIMITAT

Hi ha moments en què la vida s’atura en un segon de silenci. Un d’aquests és quan mires la teva parella als ulls. Sense pantalles, sense presses, sense paraules que omplin l’espai. Només mirada.

Pot semblar un gest simple, gairebé banal. Però, en realitat, mirar de veritat és un acte revolucionari. La mirada és una porta. I el que hi ha darrere, si ens atrevim a creuar-la, és un terreny on neix la intimitat més genuïna.

El que passa quan ens mirem de veritat

A nivell fisiològic, la mirada és un dels canals més potents de connexió. Quan sostens els ulls d’algú estimat:

  • El teu sistema nerviós entra en mode de calma i regulació.
  • El cervell activa circuits d’empatia i vinculació.
  • S’allibera oxitocina, l’hormona de l’aferrament.

No és casualitat que els nadons trobin seguretat en la mirada sostinguda dels pares. Ni que, quan ens sentim desconnectats, el primer que perdem sigui la mirada franca i tranquil·la.

Però hi ha un altre nivell, més invisible. Mirar als ulls és un mirall. Ens retorna la pròpia vulnerabilitat, els propis desitjos, les pròpies ferides. Per això sovint esquivem la mirada: perquè ens incomoda veure tant.

Per què ens costa mirar?

Sovint, sense adonar-nos-en, mirem “per sobre”.

  • Ens mirem de pressa, mentre passem la tassa de cafè.
  • Ens mirem amb filtres: de judici, d’expectatives, de cansament.
  • O senzillament evitem mirar, perquè ens faria sentir massa exposats.

Mirar de veritat requereix coratge. És despullar-se emocionalment sense paraules. És atrevir-se a sostenir la presència de l’altre… i també la pròpia.

Una experiència transformadora

Quan acompanyo parelles, hi ha un exercici que sempre sorprèn: mantenir-se uns minuts en silenci, mirant-se als ulls.
Al principi hi ha incomoditat, riures nerviosos, ganes de fugir. Però després passa alguna cosa:

  • El temps s’alenteix.
  • L’ànima es reconeix.
  • Surt a la superfície una emoció que feia temps que esperava ser vista.

És en aquest instant que s’obre la possibilitat d’una connexió nova. Més enllà d’entendre-ho amb el cap, se sent amb el cos. I apareix l’obertura de l’espai intern.

Invitació

Et proposo una cosa molt senzilla i alhora poderosa: avui, busca un moment per trobar-vos amb la teva parella i mireu-vos als ulls amb curiositat i molta obertura. 

Observa què passa en tu. Potser hi apareix tendresa, potser hi apareix resistència. Sigui el que sigui, acull-ho obrint el cor. Tingui la forma que tingui allò que aparegui, estima-t’ho dins teu.


💌 L’amor es troba al fons dels ulls de l’altre, perque és el lloc on l’altre habita.

Cristina Salvia per a Matriusques.

 

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Entrevista a Jose Angulo

 

 

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Qui és en José Angulo en poques paraules?

La meva major motivació a la vida sempre ha estat conèixer les veritats de l’ésser humà i del món, les veritats que pel fet de ser-ho, habitualment romanen amagades o adopten altres formes…per això m’agrada definir-me sobretot com un Cercador de la Veritat o un Pelegrí darrere dels seus passos…

 

Ens dónes alguna dada de la teva història personal que sigui significatiu?

Bé, sincerament sento que si ja venia a aquest món amb el “segell” de sentir-me un cercador, la meva trajectòria de vida va acabar de fer la resta: la veritat és que sempre m’he estat movent molt d’un lloc a un altre. , De nen vaig viure a Santa Cruz de Tenerife, Bilbao i Cadis (per aquest ordre) i ja de més gran,  a València, Barcelona i últimament per Guipúzcoa…també he procurat viatjar per “on aquí fos” tot el que he pogut: com es podrà deduir em fascina conèixer món i omplir-me d’impressions de tota mena…de quiet crec que només en puc estar quan dormo i medito (jeje).

 

Què et va motivar a estudiar i exercir la professió de psicòleg?

Amb aquesta mateixa motivació vital de saber, conèixer, comprendre, trio els estudis i la professió de psicòleg, i sento una gran satisfacció quan veig que puc bolcar en accions concretes a través de l’ajuda als altres tot aquest impuls de vida i transcendent que sento, i és per això que sol cal dir allò que lo professional i lo personal són el mateix Camí per a mi…I del que he presuna especial consciència en els últims anys és que allò essencial de la vida, els nostres aprenentatges, el nostre “ser millors persones”, la nostra capacitat amorosa…es manifesta en i gràcies als nostres vincles, és des d’aquí que d’un temps fins ara m’enfoco especialment a abordar les dependències emocionals, la sexualitat i el propòsit personal.

 

T’emmarques en algun corrent determinat dins de la psicoteràpia?

Es podria dir que dins de la psicoteràpia corporal en general, és clar que a través del cos la persona pot prendre una major i millor consciència del seu món emocional, i per tant acabar conduint-se millor en la seva vida. També resulta molt útil aquest acostament per a l’abordatge de traumes i bloquejos emocionals. Però la meva base és fonamentalment transpersonal, en els processos de psicoteràpia aquesta dimensió de l’ésser humà sempre apareix d’alguna o una altra manera, ben manifestada en els diferents vincles o relacions significatives (parella, família…) o bé en la professió, tot allò que té a veure amb el que volem i com volem SER i ESTAR de debò en les nostres vides, on volem arribar, els nostres projectes, les nostres necessitats més íntimes, els nostres propòsits…i tot això requereix mirar-ho amb la deguda pausa perquè t’hi jugues la teva felicitat.

Però en definitiva, més enllà de les corrents, les teories i les pràctiques, per  mi, et situïs on et situïs, has de ser conscient que SER terapeuta significa SER un instrument, el més afinat possible de tal forma que sigui com sigui la “tecla” que toqui la persona amb tu soni de la forma adequada, en aquest cas la més beneficiosa possible per a ella.

 

Tens alguna clau en aquest sentit?

Si existeix alguna clau o claus, tinc molt clar a hores d’ara que per a mi es troben en el vincle terapèutic, literalment tot el que ocorre es dóna “aquí dins”: l’escolta, la mirada (en el sentit de la Consideració, el Respecte, la Dignitat i l’Afecte que li ofereixes a la persona), la comprensió, l’empatia…tot això i més, està molt per sobre de qualsevol corrent, tècnica o estratègia terapèutica, perquè ben utilitzat és el que realment “sana” o ajuda a desbloquejar i transformar.

I és per això que crec que la principal responsabilitat d’un terapeuta no sols és formar-se i lliurar-se en el seu treball, és sobretot desenvolupar-se com a persona i evolucionar en aquest sentit el més conscientment possible, i cuidar-se, de la manera que només un@ el pot fer amb si mateix@, només llavors crec jo, es trobarà en la millor disposició per a oferir a l’altre el millor de si mateix@ i convertir-se en aquest afinat instrument.

 

I com arribes a Matriusques?

Doncs primer que res amb moltes ganes, força i il·lusió després d’una dura etapa en solitari…conec a la Cristina Salvia des dels meus inicis a Barcelona i em consta, perquè he treballat amb ella en viu i en directe, que no sols és una gran professional sinó millor persona encara.quest projecte que ha parit em sembla tan necessari com preciós, i crec que a més de la meva experiència professional que ja abarca tres dècades, puc aportar una cosa valuosa des de la meva condició d’home i havent viscut 2 divorcis i la paternitat de 2 fills.

 

I estàs treballant actualment en aquestes àrees, oi?

Així és, en relacions de parella i sexualitat, i en el propòsit personal des d’una dimensió més transpersonal.

En les primeres, a més de tractar amb tot allò que està bloquejant, faig èmfasi en les claus que construeixen i mantenen una relació de la manera més sana possible, i això té molt a veure amb disposar tant d’espais propis com comuns en un adequat equilibri, així com una sexualitat segura, respectuosa i coherent amb els valors de cadascun i al mateix temps oberta a l’experimentació i al plaer.

 

I pel que fa a l’home?

Perquè resulta obvi que corren temps en els quals tot el suport i l’orientació que se li pugui oferir  als homes són pocs. S’ha parlat molt de la crisi d’identitat masculina que portem vivint fa ja un temps considerable, i sóc dels quals pensa i sent que encara ens trobem en plena reconstrucció d’aquesta identitat, i encara que es van arribant  alguns emergents clars i definits que apunten cap a un model d’home més manifestament amorós i conscient de la seva vulnerabilitat, crec que encara no hi ha un clima de suficient permís social i personal per a abordar en aquest camí de redefinició tots aquells aspectes diguem més ombrívols de l’home, però que sempre ens han acompanyat d’alguna manera, i amb això em refereixo sobretot a les nostres tendències agressives, violentes, destructives i autodestructives. Per tant, a la meva manera de veure, una bona feina terapèutica amb els homes passa també per contemplar i tenir molt en compte sense cap mena de tabús aquests aspectes.

 

Què t’emociona?

Realment, hi hauna infinitat de situacions que en suma signifiquen el meu amor per la vida: un nen acariciant tendrament un gos, un passeig per un bosc i escoltar un profund silenci, els riures i les mirades de dos amants, la brisa i l’olor d’una albada al costat de la mar, una posta de sol…i com dic el llarg etcètera es perd en l’horitzó…

Per descomptat el que m’emociona també té a veure amb el meu treball a Matriusques, i també m’emocionen bastant les mostres d’amor entre homes, particularment entre pares i fills.

 

Quin és el llibre que més recomanes als teus pacients?

No sóc dels que solen recomanar molts llibres. Crec que sóc més pràctic (i més en la societat en la qual vivim), més aviat tendeixo a recomanar pel·lícules, a més perquè de sempre he estat un gran aficionat al cinema, i de fet cinema i psicologia es compatibilitzen a la perfecció, en la meva manera de veure.

Però últimament en treballar més a prop amb la psicologia masculina, solc recomanar: “El camí de l’home superior” de David Deida. En el treball amb l’home en particular i amb la parella en general, aquest autor i tot el que transmet és una de les meves principals fonts d’inspiració.

 

Quin desig posaries dins d’una ampolla?

Imaginant-me que aquest missatge podria arribar a les generacions esdevenidores o Déu sap quan, deixaria alguna cosa que es pogués entendre universalment d’alguna manera, alguna cosa així com algun tipus d’impregnació energètica, com un encanteri màgic o una espècie de geni de la llàntia meravellosa portador del missatge. Així, es podria rebre i comprendre amb total claredat, que el més important en la vida és l’amor, pels nostres semblants, per tots els éssers vius, per la naturalesa sencera i en definitiva per tot el que ens envolta, absolutament tot, fins a la cosa més insignificant mereix la nostra atenció i el nostre profund respecte i cura.

 


ENTREVISTA A JOSE ANGULO

¿Quién es José Angulo en pocas palabras?

Mi mayor motivación en la vida siempre ha sido conocer las verdades del ser humano y el mundo, las verdades que por serlo, habitualmente permanecen escondidas o adoptan otras formas…por eso me gusta definirme sobre todo como un Buscador de la Verdad o unPeregrino tras sus pasos…

 

¿Nos das algún dato de tu historia personal que sea significativo?

Bueno, sinceramente siento que si ya venía a este mundo con el “sello” de sentirme un buscador, mi trayectoria de vida terminó de hacer el resto: lo cierto es que siempre me he estado moviendo mucho de acá para allá, de niño viví en S/C de Tenerife, Bilbao y Cádiz (por este orden) y ya de mayor por Valencia, Barcelona y últimamente por Gipuzkoa…también he procurado viajar por “ahí fuera” todo lo que he podido, como se podrá deducir me fascina conocer mundo y llenarme de impresiones de todo tipo…quieto creo que solo puedo estar cuando duermo y medito (jeje) 

 

¿Qué te motivó a estudiar y ejercer la profesión de psicólogo?

Con esta misma motivación vital de saber, conocer, comprender, elijo los estudios y la profesión de psicólogo, siento una gran satisfacción cuando veo que puedo volcar en acciones concretas a través de la ayuda a los demás todo ese impulso de vida y trascendente que siento, y es por eso que suelo decir aquello de que lo profesional y lo personal son el mismo Camino para mí…tomando además una especial conciencia en los últimos años que lo esencial de la vida, nuestros aprendizajes, nuestro ser mejores personas, nuestra capacidad amorosa…se manifiesta en y gracias a nuestros vínculos, es desde ahí que de un tiempo hasta ahora me enfoco especialmente en abordar las dependencias emocionales, la sexualidad y el Propósito Personal.

 

¿Te enmarcas en alguna corriente determinada dentro de la psicoterapia?

Se podría decir que dentro de la psicoterapia corporal en general, es claro que a través del cuerpo la persona puede tomar una mayor y mejor conciencia de su mundo emocional, y por tanto acabar conduciéndose mejor en su vida. También resulta muy útil este acercamiento para el abordaje de traumas y bloqueos emocionales. Pero mi base es fundamentalmente transpersonal, en los procesos de psicoterapia esta dimensión del ser humano siempre aparece de alguna u otra manera, bien manifestada en los diferentes vínculos o relaciones significativas (pareja, familia…) o bien en la profesión, todo aquello que tiene que ver con lo que queremos y cómo queremos SER y ESTAR de verdad en nuestras vidas, a donde queremos llegar, nuestros proyectos, nuestras necesidades más íntimas, nuestros propósitos…y todo ello requiere mirarlo con el debido detenimiento porque te juegas tu felicidad (jeje).

Pero en definitiva, más allá de las corrientes, las teorías y las prácticas, para mí te sitúes donde te sitúes, has de ser consciente que SER terapeuta significa SER un instrumento, lo más afinado posible de tal forma que sea cual sea la “tecla” que toque la persona contigo suene de la forma adecuada, en este caso la más beneficiosa posible para ella. 

 

¿Tienes alguna clave en este sentido?

Si existe alguna clave o claves, tengo muy claro a estas alturas que para mí se encuentran en el vínculo terapéutico, literalmente todo lo que ocurre se da “ahí dentro”, la escucha, la mirada (en el sentido de la Consideración, el Respeto, la Dignidad y el Cariño que le ofreces a la persona), la comprensión, la empatía…todo eso y más, está muy por encima de cualquier corriente, técnica o estrategia terapéutica, porque bien utilizado es lo que realmente “sana” o ayuda a desbloquear y transformar.

Y es por eso que creo que la principal responsabilidad de un terapeuta no solo es formarse y entregarse en su trabajo, es sobre todo desarrollarse como persona y evolucionar en este sentido lo más conscientemente posible, y cuidarse, de la manera que solo un@ lo puede hacer consigo mism@, solo entonces creo yo, se encontrará en la mejor disposición para ofrecer al otro lo mejor de sí mism@ y convertirse en ese afinado instrumento.

 

¿Y cómo llegas a Matriusques?

Pues primero que nada con muchas ganas, fuerza e ilusión tras una dura etapa en solitario…conozco a Cristina Salvia desde mis inicios en Barcelona y me consta que no solo es una gran profesional sino mejor persona aún, este proyecto que ha parido me parece tan necesario como precioso, y creo que además de mi experiencia profesional, puedo aportar algo valioso desde mi condición de hombre y habiendo vivido 2 divorcios y la paternidad de 2 hijos.

 

¿Y estás trabajando actualmente en estas áreas, verdad?

Así es, en relaciones de pareja y sexualidad, y en el Propósito personal en una dimensión más transpersonal.

En las primeras además de tratar con todo aquello que está bloqueando, hago énfasis en las claves que construyen y mantienen una relación lo más sana posible, y esto tiene mucho que ver con disponer tanto de espacios  propios como comunes en un adecuado equilibrio, así como una sexualidad segura, respetuosa y coherente con los valores de cada uno y al mismo tiempo abierta a la experimentación y al placer

 

 ¿Y en lo que se refiere al hombre?

Pues resulta obvio que corren tiempos en los que todo el apoyo y la orientación que se le pueda brindar al hombre son pocos. Se ha hablado mucho de la crisis de identidad masculina que llevamos viviendo hace ya un tiempo considerable, y soy de los que piensa y siente que aún nos encontramos en plena reconstrucción de esta identidad, y aunque se vienen dando claros emergentes que apuntan hacia un modelo de hombre más manifiestamente amoroso y consciente de su vulnerabilidad, creo que aún no hay un clima de suficiente permiso social y personal para abordar en este camino de redefinición todos aquellos aspectos digamos más sombríos del hombre, pero que siempre nos han acompañado de alguna manera, y con esto me refiero sobre todo a nuestras tendencias agresivas, violentas, destructivas y autodestructivas. Por tanto, a mi modo de ver, un buen trabajo terapéutico con el hombre pasaría también por contemplar y tener muy en cuenta sin ningún tipo de tabúes estos aspectos.

 

¿Qué te emociona?

Pues realmente pueden ser infinitud de situaciones que en suma signifiquen mi amor por la vida… un niño acariciando tiernamente un perro, un paseo por un bosque y sólo, escuchar un profundo silencio, las risas y las miradas de dos amantes, la brisa y el olor de un amanecer junto al mar, una puesta de sol… y como digo, el largo etcétera se pierde en el horizonte…

Desde luego tiene que ver con mi trabajo en Matriusques, pero también me emocionan bastante las muestras de amor entre hombres, particularmente entre padres e hijos.

 

¿Cuál es el libro que más recomiendas a tus pacientes?

Sinceramente no soy de los que suelen recomendar muchos libros, siendo más práctico (y más en la sociedad en la que vivimos), más bien tiendo a recomendar películas, además porque de siempre he sido un gran aficionado al cine, y de hecho cine y psicología compatibilizan a la perfección a mi modo de ver.

Pero últimamente al trabajar más de cerca con la psicología masculina, he solido recomendar: El camino del hombre superior de David Deida. En el trabajo con el hombre en particular y con la pareja en general, este autor y todo lo que transmite es una de mis principales fuentes de inspiración.

 

¿Qué deseo podrías dentro de una botella?

Imaginándome que ese mensaje podría llegar a las generaciones venideras o Dios sabe cuando, dejaría algo que se pudiera entender de alguna manera universalmente, algo así como algún tipo de impregnación energética, como un hechizo mágico o una especie de genio de la lámpara maravillosa portador del mensaje, así, se podría recibir y comprender con total claridad, que lo más importante en la vida es el amor, por nuestros semejantes, por todos los seres vivos, por la naturaleza entera y en definitiva por todo lo que nos rodea, absolutamente todo, hasta la cosa más insignificante merece nuestra atención y nuestro profundo respeto y cuidado.