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El deseo cuando llegan los hijos

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EL DESEO CUANDO LLEGAN LOS HIJOS

El suelo lleno de piezas de Lego.

Un plato a medio lavar.

El llanto nocturno que corta el aire como una alarma.

Cuando todo está lleno de cosas pendientes, no queda sitio para el deseo.

No es un diagnóstico clínico: es un fenómeno poco llamado de muchas casas con niños pequeños.

“Sólo quiero dormir.”
“Me siento invisible.”
“Necesito tocarte, pero no sé cómo entrar.”
“Mi cuerpo está cansado de ser sólo piel para el bebé.”

Estas frases raramente se dicen en voz alta a la vez. Pero están ahí, resonando dentro de cada uno. Es la música secreta de muchas parejas con niños pequeños: una mezcla de deseo ahogado y de renuncia, de necesidad y de silencio.

Ser padres vs ser amantes

En los primeros meses, madre y bebé viven unidos por un cordón que ya no es físico, pero sí invisible y poderoso. Es vital. Es instintivo. Y es tan absorbente que a menudo deja a la pareja en un segundo plano, mirando desde la periferia.

El cerebro materno se convierte en un radar encendido día y noche. Cada suspiro del bebé es captado y procesado. Con ese nivel de alerta constante, el cuerpo tiene dificultad para relajarse y abrirse al juego erótico con la pareja.

Es como un instrumento agotado después de un concierto demasiado largo: necesita silencio antes de poder sonar de nuevo.

Esto no significa que el deseo desaparezca: simplemente entra en hibernación. Como unas brasas escondidas bajo la ceniza, esperan aire fresco para reavivar.

Aquí es donde muchas parejas se pierden. Porque conviven dos relaciones a la vez:
– la relación de supervivencia parental, hecha de biberones, listas, calendarios y turnos de sueño.
– la relación de pareja, que sólo puede mantenerse viva si se habla el lenguaje del cuerpo, del deseo, del juego.

Si la primera engulle a la segunda, el vínculo se vuelve logística. Y la pasión, un recuerdo.

El abanico del placer como respiro

Es aquí donde es necesario realizar un cambio de mirada. La sexualidad no es sólo un capítulo que se reanuda cuando hay calma y camas vacías. La sexualidad puede ser el mismo aire que ayuda al sistema nervioso a recuperar equilibrio en medio del caos.

Ahora bien, recuerda que tanto la delicadeza como la pasión forman parte del amplio abanico de la sexualidad: tanto la mano que sostiene con calma como la palabra excitante susurrada mientras un niño grita desde la habitación de al lado.

La clave no es la intensidad, sino la constancia: mantener el hilo erótico presente a lo largo del día, como una trama invisible que sostiene el vínculo de la pareja.

Sexualizar la cotidianidad

Sexualizar no significa planificar una noche perfecta con velas y sábanas nuevas. Sexualizar es atreverse a dar espacio a las caricias, a los besos, a la piel que todavía vibra, en medio del caos.

Quizás en el comedor todavía hay piezas de Lego esparcidas. Quizás la lavadora pita de fondo. Y, sin embargo, puedes acercarte por detrás y besar la nuca de tu pareja. Puedes dejar que la mano se alargue un poco más al pasar un vaso. Puedes reír juntos mientras cierre la puerta del lavabo y comparte una ducha corta, casi clandestina.

Estos momentos no son secundarios: son el recuerdo vivo que, más allá de ser padres, siga siendo amantes. Y que el placer no desaparece entre pañales y sueño, sino que se transforma en pequeñas chispas que mantienen la brasa caliente.

Propuesta práctica

Estarás de acuerdo en que el deseo, cuando llegan los hijos, no puede esperar sólo en la noche del viernes o en unas vacaciones eventuales. Necesita infiltrarse en el día a día, como una corriente subterránea que alimenta el vínculo.

Un ejemplo sencillo: cuando os encuentrais en el pasillo, en vez de pasar de largo, frenaros dos segundos y daros un beso largo, con lengua, como si el mundo pudiera esperar.

Cuando el otro está lavando los platos, abrázalo por detrás, pégate, muérdele el cuello. No hace falta que acabe en sexo, pero sí en cuerpo que recuerda cuerpo.

Utiliza las palabras: “me enciendo”, “te estoy deseando ahora mismo”, “cuando los niños duerman te quiero sólo por mí”. La palabra tiene el poder de mantener el fuego encendido incluso cuando no puedes actuar enseguida.

Toca sin pudor: una mano que recorre la espalda, que presiona un muslo, que se atreve a entrar en territorio íntimo aunque al cabo de dos minutos haya que ir a poner un pijama. No es intrusión, es recordatorio: somos amantes más allá de la logística.

Y, sobre todo, da permiso al placer para convivir con el caos. Sí, la casa está llena de juguetes, hay ropa para recoger y el móvil suena. En medio de todo esto, puede haber una morreada que haga estremecer, un cuerpo contra cuerpo que corta la inercia de ordenar los muñecos de peluche, una carcajada que se enciende y se transforma en complicidad erótica.

El mensaje está claro: no dejeis que la parentalidad devore el vínculo. Convierte el deseo en un hábito cotidiano, no en un lujo eventual.

No más presión, sino más respiro

Éste no es un consejo para añadir obligaciones a una agenda ya saturada. Por el contrario: es una invitación a ver el placer y la conexión erótica como un recurso de supervivencia emocional, somática y psicológica.

Cuando la sexualidad está ahí, aunque sea en formas breves y dispersas, el sistema nervioso se regula mejor, el cuerpo descarga tensión y la pareja recuerda que es más que logística compartida.

El deseo no desaparece con sus hijos. Se transforma. Se hace más exigente, sí, pero también más profundo. Y puede convivir con los juguetes esparcidos y los platos pendientes, si le damos aire, mirada y valentía.

Tampoco es un consejo que reduzca ni un ápice la importancia del consenso en cualquier práctica sexual. Si en algún momento, la otra persona no está disponible, guardamos nuestra propuesta por otro momento.

Cristina Salvia para Matriusques.

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EL DESIG QUAN ARRIBEN ELS FILLS

El terra ple de peces de Lego.
Un plat a mig rentar.
El plor nocturn que talla l’aire com una alarma.

Quan tot és ple de coses pendents, no queda lloc per al desig.

No és un diagnòstic clínic: és un fenomen poc anomenat de moltes cases amb infants petits.

“Només vull dormir.”
“Em sento invisible.”
“Necessito tocar-te, però no sé com entrar-hi.”
“El meu cos està cansat de ser només pell per al nadó.”

Aquestes frases rarament es diuen en veu alta alhora. Però hi són, ressonant dins de cadascú. És la música secreta de moltes parelles amb criatures petites: una barreja de desig ofegat i de renúncia, de necessitat i de silenci.

Ser pares vs ser amants

Els primers mesos, mare i nadó viuen units per un cordó que ja no és físic, però sí invisible i poderós. És vital. És instintiu. I és tan absorbent que sovint deixa la parella en un segon pla, mirant des de la perifèria.

El cervell matern es converteix en un radar encès dia i nit. Cada sospir del nadó és captat i processat. Amb aquest nivell d’alerta constant, el cos té dificultat per relaxar-se i obrir-se al joc eròtic amb la parella.

És com un instrument esgotat després d’un concert massa llarg: necessita silenci abans de poder sonar de nou.

Això no significa que el desig desaparegui: simplement entra en hibernació. Com unes brases amagades sota la cendra, esperen aire fresc per revifar.

Aquí és on moltes parelles es perden. Perquè conviuen dues relacions alhora:
– la relació de supervivència parental, feta de biberons, llistes, calendaris i torns de son.
– la relació de parella, que només pot mantenir-se viva si es parla el llenguatge del cos, del desig, del joc.

Si la primera engoleix la segona, el vincle es torna logística. I la passió, un record.

El ventall del plaer com a respir

És aquí on cal fer un canvi de mirada. La sexualitat no és només un capítol que es reprèn quan hi ha calma i llits buits. La sexualitat pot ser el mateix aire que ajuda el sistema nerviós a recuperar equilibri enmig del caos.

Ara bé, recorda que tant la delicadesa com la passió formen part de l’ampli ventall de la sexualitat: tant la mà que sosté amb calma com la paraula excitant xiuxiuejada mentre un infant crida des de l’habitació del costat.

La clau no és la intensitat, sinó la constància: mantenir el fil eròtic present al llarg del dia, com una trama invisible que sosté el vincle de la parella.

Sexualitzar la quotidianitat

Sexualitzar no vol dir planificar una nit perfecta amb espelmes i llençols nous. Sexualitzar és atrevir-se a donar espai a les carícies, als petons, a la pell que encara vibra, enmig del caos.

Potser al menjador encara hi ha peces de Lego escampades. Potser la rentadora pita de fons. I, tot i així, pots acostar-te per darrere i besar el clatell de la teva parella. Pots deixar que la mà s’allargui una mica més quan passes un got. Pots riure junts mentre tanqueu la porta del lavabo i compartiu una dutxa curta, gairebé clandestina.

Aquests moments no són secundaris: són el record viu que, més enllà de ser pares, continueu sent amants. I que el plaer no desapareix entre bolquers i son, sinó que es transforma en petites espurnes que mantenen la brasa calenta.

Proposta pràctica

Estaràs d’acord que el desig, quan arriben els fills, no pot esperar només a la nit de divendres o a unes vacances eventuals. Necessita infiltrar-se en el dia a dia, com un corrent subterrani que alimenta el vincle.

Un exemple senzill: quan us trobeu al passadís, en comptes de passar de llarg, freneu dos segons i doneu-vos un petó llarg, amb llengua, com si el món pogués esperar.

Quan l’altre està rentant els plats, abraça’l per darrere, enganxa’t, mossega-li el coll. No cal que acabi en sexe, però sí en cos que recorda cos.

Feu servir les paraules: “m’encens”, “t’estic desitjant ara mateix”, “quan els nens dormin et vull només per mi”. La paraula té el poder de mantenir el foc encès fins i tot quan no es pot actuar de seguida.

Toca sense pudor: una mà que recorre l’esquena, que pressiona una cuixa, que s’atreveix a entrar en territori íntim encara que al cap de dos minuts calgui anar a posar un pijama. No és intrusió, és recordatori: som amants més enllà de la logística.

I, sobretot, doneu permís al plaer per conviure amb el caos. Sí, la casa està plena de joguines, hi ha roba per plegar i el mòbil sona. Enmig de tot això, hi pot haver una morrejada que faci estremir, un cos contra cos que talla la inèrcia d’endreçar els ninots de peluix, una rialla que s’encén i es transforma en complicitat eròtica.

El missatge és clar: no deixeu que la parentalitat devori el vincle. Convertiu el desig en un hàbit quotidià, no en un luxe eventual.

No més pressió, sinó més respir

Aquest no és un consell per afegir obligacions a una agenda ja saturada. Al contrari: és una invitació a veure el plaer i la connexió eròtica com un recurs de supervivència emocional, somàtica i psicològica.

Quan la sexualitat hi és, encara que sigui en formes breus i disperses, el sistema nerviós es regula millor, el cos descarrega tensió i la parella recorda que és més que logística compartida.

El desig no desapareix amb els fills. Es transforma. Es fa més exigent, sí, però també més profund. I pot conviure amb les joguines escampades i els plats pendents, si li donem aire, mirada i valentia.

Tampoc és un consell que redueixi ni una mica la importància del consens en qualsevol pràctica sexual. Si en algun moment, l’altra persona no està disponible, guardem la nostra proposta per un altre moment.

Cristina Salvia per a Matriusques.

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¿Qué emociones escondo cuando estoy con mi pareja?

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¿Qué emociones suelo esconder cuando estoy con mi pareja?

 

El terreno invisible

Cuando miras a tu pareja a los ojos, quizás dices “todo bien”, pero dentro de ti hay un mundo entero que no sale. Lo que no decimos pesa. Es como una corriente subterránea que mueve el agua aunque la superficie parezca quieta. Podemos esconder la tristeza detrás de una sonrisa, disfrazar la rabia con ironía o simular que el miedo no existe. A simple vista parece que el vínculo aguanta, pero por debajo hay capas de silencio que moldean la relación. No es una elección consciente. Es un mecanismo tan humano como respirar.

La lógica del esconder

Escondemos emociones porque, de forma profunda, queremos proteger el vínculo. Esta es la paradoja: lo que parece distanciarnos nace del deseo de conservar la conexión. Si tengo miedo de que mi rabia duela, la reprimo. Si pienso que mi tristeza será una carga, me callo. Si me avergüenza mostrar mi miedo, la tapo con un tono alegre. Y detrás de cada gesto hay una misma raíz: el miedo a ser rechazado o abandonado.

La neurociencia explica que este proceso comienza antes del pensamiento. El sistema nervioso escanea constantemente si el entorno es seguro o amenazante. Cuando interpreta que una emoción puede romper la conexión, activa respuestas automáticas: huir (callar, evitar el tema), luchar (defenderse con agresividad) o congelarse (quedarse en blanco). Esto significa que muchas veces no es que no queramos hablar, es que no podemos. El cuerpo prioriza la seguridad por encima de la verdad inmediata.

Este mecanismo no aparece de la nada. Viene de la historia personal. Las emociones que de pequeños no pudimos mostrar vuelven a aparecer en la vida adulta. Si de pequeño llorar era ignorado, ahora me cuesta enseñar la tristeza. Si la rabia era castigada, hoy la disfrazo de silencio. Si la vulnerabilidad fue motivo de burla, ahora lo escondo bajo una capa de fortaleza. El pasado queda escrito en el cuerpo y se reactiva ante la persona que más amamos, precisamente porque es la que más importancia tiene para nosotros.

Esconder, pues, es una estrategia adaptativa. En su momento, nos salvó de perder vínculos esenciales. El problema es cuando este patrón se convierte en la única opción disponible y se instala como un hábito. Entonces, la relación de pareja se va construyendo sobre ausencias emocionales, y la intimidad se vacía sin que nadie haya decidido que así fuera.

El cuerpo habla aunque callamos

Aunque no digamos nada, el cuerpo nos delata. La respiración que se vuelve corta, la mirada que se aparta, los hombros que se tensan, la voz que tiembla. El otro, aun sin palabras, percibe que algo sucede. Aquí aparece un efecto sutil, pero poderoso: el vacío comunicativo se convierte en ruido emocional. Cuando digo “estoy bien” pero mi cuerpo dice lo contrario, el mensaje que recibe el otro es confuso. Y esa confusión genera distancia.

Los estudios sobre comunicación relacional muestran que gran parte del contacto pasa por el lenguaje no verbal. Por eso, aunque nos esforzamos en tapar emociones, la pareja las nota. Quizás no sabe exactamente qué pasa, pero siente que hay un desajuste. Y frente a ese vacío, cada uno puede reaccionar de manera diferente: algunos insisten (“¿qué te pasa?”), otros se alejan, otros responden con su propia defensa. El resultado es un círculo vicioso en el que el silencio se retroalimenta.

El coste del silencio largo

A corto plazo, esconder parece útil. Evitas una discusión, esquivas un conflicto, ganas una aparente calma. Pero el coste a largo plazo es alto. Lo primero que se deteriora es la confianza. Cuando no muestro lo que siento, el otro deja de conocerme de verdad. El vínculo se construye sobre medias verdades. El segundo efecto es la pérdida de vitalidad relacional: el vínculo se vuelve funcional, un sitio para organizar la vida pero no para compartir alma. El tercero es la soledad dentro de la relación: puedes dormir junto al otro y sentirte igualmente solo.

El cuerpo también paga la factura. Las emociones reprimidas se convierten en tensión muscular, dolores recurrentes, fatiga crónica o malestares digestivos. El cuerpo guarda lo que la mente se calla. Cuando esto se prolonga, aparece la sensación de vivir “desconectado”, como si fuera difícil sentir alegría o entusiasmo.

Pero no es un destino inevitable. La pareja, justamente porque es un vínculo cercano y repetido, puede convertirse en un espacio de reparación. Cuando me atrevo a mostrar una emoción escondida y el otro me recibe con presencia, mi cerebro registra una nueva experiencia. Donde antes estaba la creencia “si muestro, me rechazan”, ahora puede nacer otra: “si muestro, me conecto”. Esta transformación es lenta pero poderosa. Cada momento de autenticidad es un corte en el círculo del silencio y una puerta a mayor intimidad.

Abrir sin explotar

Cómo se hace, entonces, ¿para empezar a compartir lo que hasta ahora estaba escondido? No se trata de explotar y decirlo todo sin filtro. Se trata de abrir pequeñas rendijas. Notar cuándo el cuerpo se endurece. Poner nombre internamente a lo que siento. Atreverme a decir una frase corta y clara: “Me pasa esto y me hace sentir así.” Hacerlo desde la vulnerabilidad, no desde la acusación.

El cambio no es inmediato, y no debe ser perfecto. Basta con empezar. Cada emoción compartida es una ventana que deja entrar aire. A veces, será un aire fresco, a veces un viento incómodo. Pero siempre es vida. Y es aquí donde la relación se transforma: cuando dejamos de vivir protegidos detrás del silencio y nos atrevemos a ofrecernos tal y como somos.

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El terreny invisible 

Quan mires la teva parella als ulls, potser dius “tot bé”, però dins teu hi ha un món sencer que no surt. El que no diem pesa. És com un corrent subterrani que mou l’aigua encara que la superfície sembli quieta. Podem amagar la tristesa darrere d’un somriure, disfressar la ràbia amb ironia o fer veure que la por no existeix. A simple vista sembla que el vincle aguanta, però per sota hi ha capes de silenci que modelen la relació. No és una tria conscient. És un mecanisme tan humà com respirar.

La lògica de l’amagar 

Amaguem emocions perquè, de manera profunda, volem protegir el vincle. Aquesta és la paradoxa: el que sembla distanciar-nos neix del desig de conservar la connexió. Si tinc por que la meva ràbia faci mal, la reprimeixo. Si penso que la meva tristesa serà una càrrega, callo. Si m’avergonyeix mostrar la meva por, la tapo amb un to alegre. I rere cada gest hi ha una mateixa arrel: la por de ser rebutjat o abandonat.

La neurociència explica que aquest procés comença abans del pensament. El sistema nerviós escaneja constantment si l’entorn és segur o amenaçador. Quan interpreta que una emoció pot trencar la connexió, activa respostes automàtiques: fugir (callar, evitar el tema), lluitar (defensar-se amb agressivitat) o congelar-se (quedar-se en blanc). Això significa que moltes vegades no és que no vulguem parlar, és que no podem. El cos prioritza la seguretat per damunt de la veritat immediata.

Aquest mecanisme no apareix del no-res. Ve de la història personal. Les emocions que de petits no vam poder mostrar tornen a aparèixer en la vida adulta. Si de petit plorar era ignorat, ara em costa ensenyar la tristesa. Si la ràbia era castigada, avui la disfresso de silenci. Si la vulnerabilitat va ser motiu de burla, ara l’amago sota una capa de fortalesa. El passat queda escrit en el cos i es reactiva davant de la persona que més estimem, precisament perquè és la que més importància té per a nosaltres.

Amagar, doncs, és una estratègia adaptativa. En el seu moment, ens va salvar de perdre vincles essencials. El problema és quan aquest patró es converteix en l’única opció disponible i s’instal·la com un hàbit. Aleshores, la relació de parella es va construint sobre absències emocionals, i la intimitat es buida sense que ningú hagi decidit que fos així.

El cos parla encara que callem 

Encara que no diguem res, el cos ens delata. La respiració que es torna curta, la mirada que s’aparta, les espatlles que es tensen, la veu que tremola. L’altre, fins i tot sense paraules, percep que alguna cosa passa. Aquí apareix un efecte subtil però poderós: el buit comunicatiu es converteix en soroll emocional. Quan dic “estic bé” però el meu cos diu el contrari, el missatge que rep l’altre és confús. I aquesta confusió genera distància.

Els estudis sobre comunicació relacional mostren que gran part del contacte passa pel llenguatge no verbal. Per això, encara que ens esforcem a tapar emocions, la parella les nota. Potser no sap exactament què passa, però sent que hi ha un desajust. I davant d’aquest buit, cadascú pot reaccionar de manera diferent: alguns insisteixen (“què et passa?”), altres s’allunyen, altres responen amb la seva pròpia defensa. El resultat és un cercle viciós on el silenci es retroalimenta.

El cost del silenci llarg 

A curt termini, amagar sembla útil. Evites una discussió, esquives un conflicte, guanyes una calma aparent. Però el cost a llarg termini és alt. El primer que es deteriora és la confiança. Quan no mostro el que sento, l’altre deixa de conèixer-me de debò. El vincle es construeix sobre mitges veritats. El segon efecte és la pèrdua de vitalitat relacional: el vincle es torna funcional, un lloc per organitzar la vida però no per compartir ànima. El tercer és la solitud dins de la relació: pots dormir al costat de l’altre i sentir-te igualment sol.

El cos també paga la factura. Les emocions reprimides es converteixen en tensió muscular, dolors recurrents, fatiga crònica o malestars digestius. El cos guarda el que la ment calla. Quan això es prolonga, apareix la sensació de viure “desconnectat”, com si fos difícil sentir alegria o entusiasme.

Però no és un destí inevitable. La parella, justament perquè és un vincle proper i repetit, pot esdevenir un espai de reparació. Quan m’atreveixo a mostrar una emoció amagada i l’altre em rep amb presència, el meu cervell registra una experiència nova. On abans hi havia la creença “si mostro, em rebutgen”, ara pot néixer una altra: “si mostro, em connecto”. Aquesta transformació és lenta, però poderosa. Cada moment d’autenticitat és un tall en el cercle del silenci i una porta a més intimitat.

Obrir sense explotar 

Com es fa, aleshores, per començar a compartir el que fins ara estava amagat? No es tracta d’explotar i dir-ho tot sense filtre. Es tracta d’obrir petites escletxes. Notar quan el cos s’endureix. Posar nom internament al que sento. Atrevir-me a dir una frase curta i clara: “Em passa això i em fa sentir així.” Fer-ho des de la vulnerabilitat, no des de l’acusació.

El canvi no és immediat, i no ha de ser perfecte. N’hi ha prou amb començar. Cada emoció compartida és una finestra que deixa entrar aire. A vegades serà un aire fresc, a vegades un vent incòmode. Però sempre és vida. I és aquí on la relació es transforma: quan deixem de viure protegits darrere del silenci i ens atrevim a oferir-nos tal com som.

Mostrar el que abans quedava amagat és el coratge que obre la porta a la intimitat real.

 

 

📚 Bibliografia per aprofundir

  • The Developing Mind – Daniel J. Siegel
  • When the Body Says No – Gabor Maté
  • Internal Family Systems Therapy – Richard Schwartz

 

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EL VALOR DEL TREBALL PSICOTERAPÈUTIC EN TEMPS DE PANDÈMIA

En aquests temps de pandèmia estan sorgint nombroses iniciatives d’ajuda psicològica voluntària, per part de professionals i per part de persones amb bones intencions. Però una cosa és contenir l’impacte de la situació d’emergència i una altra molt diferent, és realitzar un procés psicològic de qualitat.

I per la meva condició professional, penso que és fonamental poder oferir espais de qualitat d’atenció psicoterapèutica. Actualment, gràcies als formats on-line ens és possible. I per la llarga experiència que disposem, altament efectiu.

A dia d’avui, la situació és altament demandant per a tothom:

  • Estem vivint una situació que ens obliga a aturar-nos. Amb totes les conseqüències que això comporta i que són particulars per cadascú.
  • Estem intentant compartimentar el nostre espai al pis per poder anar a treballar, ajudar a fer els deures als nostres infants o fer tot el que fèiem per trobar-nos i estar en forma on-line… Potser a l’altra banda del pis hi ha un buit, o hi ha un nadó que plora, o un veí que té la música molt alta.
  • Estem intentant organitzar la nostra rutina amb la pressió externa de seguir produint de la mateixa manera en un espai inadequat, amb problemes a la xarxa o amb la pressió de no tenir una feina i no poder-se posar un horari i anar perdent les ganes de moure’ns.
  • Hem de canviar prioritats, replantejar moltes coses, i prendre decisions sobre un terreny que està en canvi continu.
  • I també hi ha les persones que viuen en primera línia la pressió assistencial, l’aïllament de patir la malaltia, o la pèrdua/malaltia d’una persona estimada.

Per aquestes característiques, és una situació que dispara moltes emocions i pot ser que ara tu també estiguis experimentant algun dels items d’aquesta llista, i

  • temis per la teva salut o integritat física,
  • experimentis dificultats socials i de família,
  • es despertin dols de la vida que portaves
  • es generin dols inesperats: de les persones que hem perdut, dels projectes o feines aturades, la culpa del que pateix a primera línia
  • augmentin les conductes de control.
  • rebutgis les mesures que s’han pres per abordar la crisi sanitària

Tots aquests símptomes tenen a veure amb una situació que encara no sabem quan acaba i per tant, no podem portar la nostra ment a un espai de seguretat post-traumàtica. Quan es tracta de catàstrofes naturals, se sap que un cop passat l’event, tot queda en calma i es pot començar a curar i a reconstruir. Les característiques de la crisi actual fan que els nostres recursos psicològics naturals no es puguin establir en aquest espai de seguretat psicològica, imprescindible per a poder transitar les fases de reconstrucció.

Jo t’animo a utilitzar tots els serveis d’emergència que vagin sortint però també vull que sàpiguis que hi ha certes situacions en què és fonamental rebre l’ajuda psicològica professional pertinent per a poder contenir, sostenir i reparar, com són:

 Quan s’estava en un procés de psicoteràpia...ara es pot reemprendre on-line.  Cal continuar amb tots els processos de psicoteràpia ja iniciats doncs en aquest moment es reobren moltes ferides.
Quan el fet d’anar a comprar, portar la rutina de protecció, neteja….. Ens supera i sentim sensacions constants d’angoixa i por més enllà de fer el que pensem que és correcte. Un espai per a calmar aquestes sensacions és fonamental.
Quan la convivència o conciliació familiar es fa difícil i ens costa trobar un espai amb nosaltres mateixes, tenim una pressió 24 hores i ens costa dormir i llevar-nos descansades.
Quan ens sentim culpables per no poder ajudar, o per estar afectats pel coronavirus, o per no haver-ho passat, o per no estar ajudant prou.
Por per poder emmalaltir o morir o que els passi alguna cosa als nostres familiars.
Angoixa per haver d’afrontar una jornada laboral amb una contínua exposició al virus.
La pèrdua d’éssers estimats sense poder compartir i viure el dol amb els rituals i serveis de suports necessaris.
Por a transmetre la malaltia o l’angoixa per la situació als nostres infants o durant l’embaràs.
Pèrdua de l’activitat laboral sense perspectiva de poder recuperar la feina o la capacitat econòmica de sostenir-se després del confinament.

Totes aquestes experiències són comuns en molts de nosaltres però l’indicador per demanar ajuda psicològica professional és que el nostre funcionament diari es va afectant amb pèrdua de la son, la gana, la capacitat de gaudir, els pensaments intrusius, flashbacks, angoixa, i sensació de no poder respirar, entre altres coses.

També cal demanar ajuda professional quan després de les sessions d’emergència les sensacions de malestar perduren i es necessita suport
continuat que sostingui el nostre malestar fins al final.

Cal per això una ajuda de qualitat i en un marc professional (en l’àmbit privat o públic) que es pugui perllongar en el temps i donar espai a totes les emocions que es desperten.

Cal una atenció psicoterapèutica de qualitat reconeguda i remunerada com a necessitat de primera línia al costat dels serveis mèdics, amb formació en emergència i reprocessament de trauma i a més a més i de forma complementària, tota l’ajuda voluntària que calgui per escoltar i acompanyar de forma no professional. De la mateixa manera que calen metges especialitzats en malalties respiratòries per atendre a les víctimes del coronavirus i personal de suport d’altres especialitats que complementen la feina dels sanitaris.

És important obrir espais d’acompanyament psicoterapèutic d’intervenció primerenca que es dirigeixen al creixement post-traumàtic, això vol dir, processos que continuïn fins després del confinament, que treballin la contenció i els recursos personals per a afrontar les necessitats actuals i que puguin treballar la REPARACIÓ per a poder processar el que representa aquest període de confinament en les seves vides i totes les ferides de dols i pèrdues anteriors.

La diferència entre un servei d’emergència voluntari i una ajuda psicològica professional de reparació és que en la relació terapèutica d’un professional,

  • Es crea un vincle terapèutic en un espai de seguretat (això requereix temps).
  • El professional té un treball personal fet i suport de supervisió.
  • Es manté en el temps.
  • Ajuda a la reparació i no només a la contenció.
  • Té la formació tècnica que li ofereix “potència terapèutica” per a processar les experiències traumàtiques presents i les que es reobrin del passat.

Aquest creixement permetrà un enriquiment personal amb una nova perspectiva interna. Amb una intervenció que acompanyi aquest procés es pot prevenir i consolidar aquesta sensació de seguretat interna que va més enllà de la incertesa externa en la qual ens trobem.

 

Alba del Cid, autora de l’article i membre de l’equip de Matriusques, té una trajectòria professional de 25 anys acompanyant a persones en situacions de vulnerabilitat, dins de l’àmbit de la intervenció social, i en especial refugiats/des. Actualment es dedica a acompanyar el període perinatal, la maternitat i la criança amb eines de neuroprocessament del trauma (EMDR) i perspectiva sistèmica. Té formació i experiència en intervenció primerenca en situacions d’emergència.

 

Esperem els teus comentaris.

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De parella a família

(lee el texto en castellano 👇🏽👇🏽👇🏽👇🏽)

ELS REPTES 

Vols créixer com a persona? Vols conèixer-te profundament i evolucionar en aquells aspectes que tens tranquil·lets a la zona de confort? No cal que facis una volta al món, un backpacking per l’Índia o pels Andes. Hi ha una manera que és relativament més fàcil, més barata i té una menor petjada ecològica: busca, troba i crea una relació de parella. 

Les relacions personals íntimes són el terreny de joc que activa els records d’experiències viscudes que ens han format i conformat com a persones. En tot allò que ens passa i tot allò que fem amb la parella hi podrem veure reflectits la manera en què hem après a relacionar-nos i per tant, a viure i sobreviure. Els éssers humans sobrevivim en tant que ens relacionem i per això, les relacions seran el nucli de la nostra vida. Com ens apropem a l’altre? com ens en protegim? com el busquem? com el rebutgem? com l’ataquem? quin equilibri trobem en els intercanvis? necessito que l’altre faci un pas per a jo fer-ne un altre? confio, no confio? m’obro, em tanco? dono? rebo més del que dono o menys? en quin grau em permeto necessitar a l’altre? i així fins a l’infinit… la parella, en tant que relació íntima, és un gran laboratori on poder observar-te en tots aquests aspectes per a comprendre la teva naturalesa i aventurar-te a explorar-la tan profundament com vulguis en el teu viatge interior. 

Però, i si no en tens prou? I si vols créixer encara més, descobrint tots aquells aspectes que estan a l’ombra més invisible, tot allò que pensaves que ja tenies superat i que segurament li faltava una nova tongada de “posar cera, polir cera” al teu ésser? No cal que facis un màster d’hipnosis, ni una formació Gestalt, ni viatgis a l’Amazònia profunda. També hi ha una manera natural i a l’abast, que en aquest cas pot resultar més o menys fàcil, segur que serà més cara i menys rendible que un màster i tindrà un fort impacte sobre l’escorça terrestre: tingues descendència.

La resposta a les preguntes que he formulat més amunt o les que puguin sorgir en cada família no es donen com un sol enunciat verbal, integrat i adult: “Perdona, carinyo és que quan em telefones cada dia per parlar, em tanco i desapareixo perquè sento un cert ofec i busco espais per a respirar fins que torno a sentir que tinc ganes d’estar amb tu” o bé “ai, ho sento, se m’ha oblidat de dir-te que em costa moltíssim confiar en les persones que diuen que m’estimen perquè he après que també poden fer mal i em vull protegir del dolor que sento, que és igual al que vaig sentir en la meva infància amb els que em cuidaven”. 

És evident que això no succeeix així d’ortopèdic ni a casa dels terapeutes més avançats, ni dels meditadors més consagrats. Com succeeix, doncs? Amb comportaments: el que sent que necessita aire, desapareix i el que vol contacte, insisteix. I el que vol i no vol, s’apropa i s’allunya fent que l’altre, es quedi desorientat/da. La comunicació es realitza en la vida a través dels comportaments que tenim. A través d’aquests comportaments, repetim allò que vam aprendre a fer en les nostres primeres interaccions i va funcionar. Per això costa tant de canviar, perquè allò que vam fer un cop i va funcionar, ho repetirem fins i tot quan ja no funcioni.

El que marca quin tipus de comportament tenim en una situació determinada serà l’estat fisiològic intern, que pot ser de tres tipus:

  • quan estem en una situació coneguda, segura, estem relaxats i tindrem comportaments dirigits a estar bé i a estar bé amb els altres. 
  • quan percebem algun tipus de demanda o perill extern, s’activa la part que s’encarrega de resoldre els problemes o de fugir-ne. 
  • si la situació és tan crítica que sentim que no podem fer res per escapar-ne, ens quedem paralitzats, com si allò no anés amb nosaltres, fora de joc. 

Com a éssers vius, tenim un llegat de la saviesa biològica més afinada per a adaptar-nos al nostre medi. I el sistema nerviós està contínuament atent codificant la informació de l’entorn per a assegurar la supervivència. Segons el que interpretem de l’entorn, s’activaran uns tipus de respostes o uns altres.

 

ELS CANVIS 

Així que ens trobem en aquell punt que has assumit el gran repte (amb més o menys consciència) i et trobes que la teva vida canvia de soca-rel (passa exactament allò que ja t’havien avisat i que tu no sabies de què parlaven). I en menys d’un any, tens grans canvis en lo professional i lo laboral, t’has de reubicar en la família extensa, en les amistats… les prioritats, l’economia, els espais, els horaris, els hàbits que es capgiren i si ets la gestant, et canvia la forma del cos, la gana, la digestió, el son i la son, la calor, el pipi, els pits, els cabells, la cara, la talla de la roba i de les sabates i així seguiríem fins arribar a descriure el TOT.

La demanda adaptativa de la situació és tan gran que dispara la part que s’encarrega de resoldre els problemes, la que posa la màquina en moviment: el cor s’accelera, la respiració és més ràpida i entretallada, la visió s’enfoca i diu som-hi! L’adrenalina es converteix en un combustible imprescindible per a poder arribar a tot, per a poder prendre les mil i una decisions, que saps que és millor si són consensuades.

Des de la més petita decisió, com pot ser per exemple, si posem la vitamina K oral o intramuscular fins a altres decisions més importants, com el nom que portarà la criatura, els valors de cada membre de la parella es posen sobre la taula de diàleg. I cal que dins de la parella ja hi hagi una cultura del diàleg suficientment establerta per a poder sostenir l’allau d’acords que caldrà prendre.

Tenim, doncs, que a la mare li suposa una crisi personal de gran envergadura perquè ha d’adaptar-se a una nova vida que serà molt diferent de la seva vida anterior pel que fa a l’atenció que podrà oferir a les pròpies necessitats i a les que podia oferir als altres. Entre ells, a la parella.

A l’altra figura parental, també li suposa una crisi personal, que arriba de manera diferent però també l’afecta de manera molt profunda.

Hi afegim una diferència en el tempo adaptatiu entre els dos membres: si ets la que s’ha quedat embarassada, portaràs 9 mesos de transformació corporal, hormonal, cerebral quan arriba el moment de tenir el nadó en braços, però si no has gestat, no hauràs estat tan conscient de tota l’adaptació que ja estava fent l’altra i fins i tot et poden haver sorprès tots els preparatius que semblaven “innecessaris”.

Per tant, la parella passa de tenir aquesta fórmula

      (a + b)

a ser una família amb aquesta fórmula

      ((a) + ((b) + c))

On la mare està en crisi personal (b) i per tant, en revisió, la figura parental (a) també, i a més a més, apareix un nou membre, amb el/la qual la mare estarà fusionada en una díada (b + c).

El que veiem a la foto revelada són dues persones fent coses noves al voltant d’una persona nova, però al negatiu, hi veiem dues persones en una situació d’adaptació extrema a tots els nivells, que a vegades la viuen en connexió i a vegades, en solitari. 

Quan la maquinària adaptativa va fent la seva feina, l’adrenalina baixa de tant en tant i apareixen moments de descans, recuperació, plaer i de retrobament amb l’altre que alimenten la relació, però si la situació és desbordant, és possible que hi hagi una retirada cap endins, la congelació, on la relació perd força, perd vida. I les crisis adaptatives de dues persones es converteixen en una crisi de parella.

 

FER DE LA CRISI UNA OPORTUNITAT

S’ha obert la falla psicològica i les dues plaques tectòniques permeten observar el magma que hi ha a la profunditat. Estàs en un moment crucial per poder-te observar i et coneguis en aquesta situació límit. Tens a les teves mans l’oportunitat de descobrir en un nivell més profund de l’espiral tot allò que quedava pendent. 

Ara bé, per descobrir el tresor amagat hauràs de sortejar alguns obstacles, com per exemple: 

  • la creença que aquesta etapa ha d’estar amarada de felicitat i que “lo important és que esteu bé” i que tota la resta no és ni rellevant ni cal donar-li gaire atenció.
  • la por de que si et capbusses en la crisi personal i entres en les emocions de tristesa, puguis entrar en una depressió postpart o no puguis sostenir a la parella.
  • la por que si obriu espais de comunicació profunda us portarà a més distància si es destapen temes que estan pendents i amagats en l’obscuritat.

Si superes aquests impediments i prens el repte que t’arriba amb la vida, de convertir la crisi personal en una oportunitat, estàs fent un pas per a oferir-li a la parella el més autèntic i genuí de tu mateix/a. I el regal de descobrir-ho al seu costat. I fent això, a més a més, li ofereixes un espai per a que ell faci el mateix, si vol. 

L’altre adult ja era un mirall que sabia tocar els teus disparadors més coneguts. I el petit/a arriba per a tocar tots aquells que s’havien quedat en el terreny dels records sense nom. 

Els records pre-verbals, que s’experimenten quan el nadó és petit i demanda un contacte íntim i continu, arriben en forma de sensacions corporals inespecífiques perquè quan es van experimentar, encara no hi havia la capacitat de vincular l’experiència amb la paraula, les connexions neuronals no eren tan específiques com per a vincular experiència amb significat. Per tant, hi haurà moltes sensacions “velles conegudes” que no sabrem ben bé què ens passa. 

Augmentar la connexió amb tu mateix/a augmentarà la connexió amb l’altre. 

Quedar-se receptiu/va a totes aquestes sensacions, siguin plaenteres o displaenteres és la manera de créixer aprofitant la crisi personal. Fer-ho acompanyat, als braços de l’altre que crea un espai de seguretat per explorar les sensacions i donar-li un significat, la manera d’anar sanant tot allò que va quedar pendent. 

Obrir-te a sentir tot allò que està passant en aquest magma emocional, explorar les sensacions que apareixen, siguin del color que siguin, descobrint els significats que els has donat i que potser ara voldràs canviar. 

Permetre que l’altre adult sigui el teu sostenidor mentre tu augmentes la connexió amb tu mateix crea un vincle molt profund i compromès. I la parella s’enforteix gràcies a la crisi, que està sent transitada. 

I per fer això, en una situació d’alta demanda com la criança, cal que converteixis en comportaments reals aquells clàssics de tota la vida dels llibres d’autoajuda.

Són els vells trucs per a mantenir els mecanismes adaptatius en bon funcionament, per a que hi hagi més moments de trobada que de retirada, per a que s’obrin espais d’intimitat i connexió: 

  • posar molta atenció a les mostres d’afecte i de contacte: abraçar-se, acariciar-se, mirar-se als ulls.
  • expressar l’amor, el desig i la sexualitat tant sovint com es pugui: el contacte físic ajuda a la part del sistema nerviós que cura ferides.
  • ser suficientment organitzat i planificar els ritmes coordinadament amb les necessitats biològiques de tots els membres de la família.  
  • cuidar-te a tu i a l’altre al màxim: nutrició, descans, moviment, natura, plaer,
  • temps per a jugar: amb qui sigui. 
  • temps per a crear: el que sigui. 
  • temps per a estar amb tu mateix/a. A soles. 
  • temps per a fer coses i trobar-se amb altres persones, especialment, si es troben en una situació similar i poden empatitzar i saben acompanyar sense jutjar.
  • observar regularment (moltes vegades al dia) les sensacions corporals, especialment la de les plantes dels peus o la part posterior del cos, per a activar estats de recuperació i connexió amb un mateix i amb els altres. 
  • comunicar de manera autèntica, honesta i transparent com a exercici diari d’higiene relacional.

CRÉIXER EN INTIMITAT

Créixer en intimitat, lluny d’ideals i de falsos mites, atents a la realitat a través de l’observació de les sensacions corporals, apropar-se i aprendre a rebre la presència brillant de l’altre i a oferir la llum que encén els nostres ulls. Que les crisis siguin benvingudes i que siguin enfrontades amb coratge, i en la millor companyia!

AMOR CREIXENT

A Matriusques ens hem fet molt conscients de la necessitat d’acompanyar a les parelles que tenen fills petits durant aquesta múltiple crisi que és l’esdevenir família. Per això hem creat un programa per a parelles que volen millorar en els aspectes clau (Comunicació, Intimitat, Vulnerabilitat i Connexió) que poden ajudar a que la relació no només sobrevisqui, sinó que es converteixi en el gran eix de l’estructura familiar.

 

Si vols més informació, clica aquí per saber-ho tot sobre l'”Amor Creixent”.

Si el vols llegir en paper o en format on-line, adreçat a la revista “Viure en família” de l’Editorial Graó.

La il·lustració, ens l’ha fet Neus Mahiques, per a l’ocasió.

 

 


DE PAREJA A FAMILIA

LOS RETOS

¿Quieres crecer como persona? ¿Quieres conocerte profundamente y evolucionar en aquellos aspectos que tienes tranquilitos en la zona de confort? No hace falta que hagas una vuelta almundo, un backpacking por India o por los Andes. Hay una manera que es relativamente más fácil, más barata y tiene una menor huella ecológica: busca, encuentra y crea una relación de pareja.

Las relaciones personales íntimas son el terreno de juego que activa los recuerdos de experiencias vividas que nos han formado y conformado como personas. En todo aquello que nos pasa y todo aquello que hacemos con la pareja podremos ver reflejados la manera en que hemos aprendido a relacionarnos y por tanto, a vivir y sobrevivir. Los seres humanos sobrevivimos en tanto que nos relacionamos y por eso, las relaciones serán el núcleo de nuestra vida. ¿Cómo nos acercamos al otro? ¿cómo nos protegemos? ¿cómo lo buscamos? ¿cómo lo rechazamos? ¿cómo lo atacamos? ¿qué equilibrio encontramos en los intercambios? ¿necesito que el otro dé un paso para yo hacer otro? ¿confío, no confío? ¿me abro, me cierro? ¿doy? ¿recibo más de lo que doy o menos? ¿en qué grado me permito necesitar al otro? y así hasta el infinito…La pareja, en cuanto a relación íntima, es un gran laboratorio donde poder observarte en todos estos aspectos para comprender tu naturaleza y aventurarte a explorarla tan profundamente como quieras en tu viaje interior.

Pero, ¿y si no tienes bastante? ¿Y si quieres crecer todavía más, descubriendo todos aquellos aspectos que están en la sombra más invisible, todo aquello que pensabas que ya tenías superado y que seguramente le faltaba una nueva tanda de “poner cera, pulir cera” a tu ser? No hace falta que hagas un máster de hipnosis, ni una formación Gestalt, ni viajes a la Amazonia profunda. También hay una manera natural y al alcance, que en este caso puede resultar más o menos fácil, seguro que será más cara y menos rentable que un máster y tendrá un fuerte impacto sobre la corteza terrestre: ten descendencia.

La respuesta a las preguntas que he formulado más arriba o las que puedan surgir en cada familia no se dan como un solo enunciado verbal, integrado y adulto: “Perdona, cariño es que cuando me telefoneas cada día para hablar, me cierro y desaparezco porque siento cierto ahogo y busco espacios para respirar hasta que vuelvo a sentir que tengo ganas de estar contigo” o bueno “ay, lo siento, se me ha olvidado de decirte que me cuesta muchísimo confiar en las personas que dicen que me quieren porque he aprendido que también pueden hacer daño y me quiero proteger del dolor que siento, que es igual al que sentí en mi infancia con los que me cuidaban”.

Es evidente que esto no sucede así de ortopédico ni en casa de los terapeutas más avanzados, ni de los meditadores más consagrados. ¿Cómo sucede, pues? Con comportamientos: el que siente que necesita aire, desaparece y el que quiere contacto, insiste. Y el que quiere y no quiere, se acerca y se aleja haciendo que el otro, se quede desorientado/da. La comunicación se realiza en la vida a través de los comportamientos que tenemos. A través de estos comportamientos, repetimos aquello que aprendimos a hacer en nuestras primeras interacciones y funcionó. Por eso cuesta tanto cambiar, porque aquello que hicimos una vez y funcionó, lo repetiremos incluso cuando ya no funcione.

Lo que marca qué tipo de comportamiento tenemos en una situación determinada será el estado fisiológico interno, que puede ser de tres tipos:

  • cuando estamos en una situación conocida, segura, estamos relajados y tenemos comportamientos dirigidos a estar bien y a estar bien con los otros.
  • cuando percibimos algún tipo de demanda o peligro externo, se activa la parte que se encarga de resolver los problemas o de huir.
  • si la situación es tan crítica que sintamos que no podemos hacer nada para escapar, nos quedemos paralizados, como si aquello no fuera con nosotros, fuera de juego.

Como seres vivos, tenemos un legado de la sabiduría biológica más refinada para adaptarnos a nuestro medio. Y el sistema nervioso está continuamente atento codificando la información del entorno para asegurar la supervivencia. Según lo que interpretamos del entorno, se activarán unos tipos de respuestas u otros.

 

LOS CAMBIOS

Así que nos encontramos en el punto en que has asumido el gran reto (con más o menos conciencia) y te encuentras que tu vida cambia de raíz (pasa exactamente aquello que ya te habían avisado y que tú no sabías de qué hablaban). Y en menos de un año, tienes grandes cambios en lo profesional y lo laboral, te tienes que reubicar en la familia extensa, en las amistades… Las prioridades, la economía, los espacios, los horarios, los hábitos que se vuelven del revés, y si eres la gestante, te cambia la forma del cuerpo, el hambre, la digestión, el sueño y las ganas de dormir, el calor, el pipi, los pechos, el pelo,, la cara, la talla de la ropa y de los zapatos y así seguiríamos hasta llegar a describir el TODO.

La demanda adaptativa de la situación es tan grande que dispara la parte que se encarga de resolver los problemas, la que pone la máquina en movimiento: el corazón se acelera, la respiración es más rápida y entrecortada, la visión se enfoca y dice ¡manos a la obra! La adrenalina se convierte en un combustible imprescindible para poder llegar a todo, para poder tomar las mil y una decisiones, que sabes que es mejor si son consensuadas.

Desde la más pequeña decisión, como puede ser por ejemplo, si ponemos la vitamina K oral o intramuscular hasta otras decisiones más importantes, como el nombre que llevará la criatura, los valores de cada miembro de la pareja se ponen sobre la mesa de diálogo. Y hace falta que dentro de la pareja ya haya una cultura del diálogo suficientemente establecida para poder sostener la avalancha de acuerdos que se tendrá que tomar.

Tenemos, pues, que a la madre le supone una crisis personal de gran envergadura porque tiene que adaptarse a una nueva vida que será muy diferente de su vida anterior en cuanto a la atención que podrá ofrecer a las propias necesidades y a las que podía ofrecer a los otros. Entre ellos, a la pareja.

A la otra figura parental, también le supone una crisis personal, que llega de manera diferente pero también le afecta de manera muy profunda.

Añadimos una diferencia en el tempo adaptativo entre los dos miembros: si eres la que se ha quedado embarazada, llevarás 9 meses de transformación corporal, hormonal, cerebral cuando llega el momento de tener el bebé en brazos, pero si no has gestado, no habrás estado tan consciente de toda la adaptación que ya estaba haciendo la otra e incluso te pueden haber sorprendido todos los preparativos que parecían “innecesarios”.

Por lo tanto, la pareja pasa de tener esta fórmula

      (a + b)

a ser una familia con esta fórmula

      ((a) + ((b) + c))

Donde la madre está en crisis personal (b) y por tanto, en revisión, la figura parental (a) también, y además, aparece un nuevo miembro, con el/la cual la madre estará fusionada en una díada (b + c).

Lo que vemos en la foto revelada son dos personas haciendo cosas nuevas alrededor de una persona nueva, pero en el negativo, vemos dos personas en una situación de adaptación extrema a todos los niveles, que a veces la viven en conexión y a veces, en solitario.

Cuando la maquinaria adaptativa va haciendo su trabajo, la adrenalina baja de vez en cuando y aparecen momentos de descanso, recuperación, placer y de reencuentro con el otro que alimentan la relación, pero si la situación es desbordante, es posible que haya una retirada hacia adentro, la congelación, donde la relación pierde bastante, pierde vida. Y las crisis adaptativas de dos personas se convierten en una crisis de pareja.

 

HACER DE LA CRISIS UNA OPORTUNIDAD

Se ha abierto la falla psicológica y las dos placas tectónicas permiten observar el magma que hay en la profundidad. Estás en un momento crucial para poderte observar y para que te conozcas en esta situación límite. Tienes en tus manos la oportunidad de descubrir en un nivel más profundo de la espiral todo aquello que quedaba pendiente.

Ahora bien, para descubrir el tesoro escondido tendrás que sortear algunos obstáculos, como por ejemplo:

  • la creencia de que esta etapa tiene que estar empapada de felicidad y que “lo importante es que estés bien” y que todo el resto no es ni relevante ni hay que darle mucha atención.
  • el miedo de que si te zambulles en la crisis personal y entras en las emociones de tristeza, puedas entrar en una depresión posparto o no puedas sostener a la pareja.
  • el miedo que si abrís espacios de comunicación profunda os llevará a más distancia si se destapan temas que están pendientes y escondidos en la oscuridad.

Si superas estos impedimentos y tomas el reto que te llega con la vida, de convertir la crisis personal en una oportunidad, estás dando un paso para ofrecerle a la pareja lo más auténtico y genuino de ti mismo/a. Y el regalo de descubrirlo a su lado. Y haciendo esto, además, le ofreces un espacio para que él haga lo mismo, si quiere.

El otro adulto ya era un espejo que sabía tocar tus disparadores más conocidos. Y el pequeño/a llega para tocar todos aquellos que se habían quedado en el terreno de los recuerdos sin nombre.

Los recuerdos pre verbales, que se experimentan cuando el bebé es pequeño y pide un contacto íntimo y continuo, llegan en forma de sensaciones corporales inespecíficas porque cuando se experimentaron, todavía no había la capacidad de vincular la experiencia con la palabra, las conexiones neuronales no eran tan específicas como para vincular experiencia con significado. Por lo tanto, habrá muchas sensaciones “viejas conocidas” que no sabremos muy bien qué nos pasa.

Aumentar la conexión contigo mismo/a aumentará la conexión con el otro.

Quedarse receptivo/a en todas estas sensaciones, sean placenteras o displacenteras es la manera de crecer aprovechando la crisis personal. Hacerlo acompañado, en los brazos del otro que crea un espacio de seguridad para explorar las sensaciones y darle un significado, la manera de ir sanando todo aquello que quedó pendiente.

Abrirte a sentir todo aquello que está pasando en este magma emocional, explorar las sensaciones que aparecen, sean del color que sean, descubriendo los significados que les has dado y que quizás ahora querrás cambiar.

Permitir que el otro adulto sea tu sostén mientras tú aumentas la conexión contigo mism@ crea un vínculo muy profundo y comprometido. Y la pareja se fortalece gracias a la crisis, que está siendo transitada.

Y para hacer esto, en una situación de alta demanda como la crianza, hace falta que conviertas en comportamientos reales aquellos clásicos de toda la vida de los libros de autoayuda.

Son los viejos trucos para mantener los mecanismos adaptativos en buen funcionamiento, para que haya más momentos de encuentro que de retirada, para que se abran espacios de intimidad y conexión:

  • poner mucha atención en las muestras de afecto y de contacto: abrazarse, acariciarse, mirarse a los ojos.
  • expresar el amor, el deseo y la sexualidad tan a menudo como se pueda: el contacto físico ayuda en la parte del sistema nervioso que cura heridas.
  • ser suficientemente organizado y planificar los ritmos coordinadamente con las necesidades biológicas de todos los miembros de la familia.
  • cuidarte a ti y al otro al máximo: nutrición, descanso, movimiento, naturaleza, placer,
  • tiempo para jugar: con quién sea.
  • tiempo para crear: lo que sea.
  • tiempo para estar contigo mismo/a. A solas. 
  • tiempo para hacer cosas y encontrarse con otras personas, especialmente, si se encuentran en una situación similar y pueden empatizar y saben acompañar sin juzgar.
  • observar regularmente (muchas veces al día) las sensaciones corporales, especialmente la de las plantas de los pies o la parte posterior del cuerpo, para activar estados de recuperación y conexión con uno mismo y con los otros.
  • comunicar de manera auténtica, honesta y transparente como ejercicio diario de higiene relacional.

CRECER EN INTIMIDAD

Crecer en intimidad, lejos de ideales y de falsos mitos, atentos a la realidad a través de la observación de las sensaciones corporales, acercarse y aprender a recibir la presencia brillante del otro y a ofrecer la luz que enciende nuestros ojos. Que las crisis sean bienvenidas y que sean enfrentadas con coraje, y en la mejor compañía!

AMOR CRECIENTE

En Matriusques nos hemos hecho muy conscientes de la necesidad de acompañar a las parejas que tienen hijos pequeños durante esta múltiple crisis que esconvertirse en familia. Por eso hemos creado un programa para parejas que quieren mejorar en los aspectos clave (Comunicación, Intimidad, Vulnerabilidad y Conexión) que pueden ayudar a que la relación no solo sobreviva, sino que se convierta en el gran eje de la estructura familiar.

Si quieres más información, clica aquí para saberlo todo sobre ”Amor Creciente”.

Si lo quieres leer en papel o en formato on-line, dirígete a la revista “Vivir en familia” de la Editorial Graó.

La ilustración, nos la ha hecho Neus Mahiques, para la ocasión.